ABAO-OLBE 
Verdi  I LOMBARDI ALLA PRIMA CROCIATA
Josep Bros, Ekaterina Metlova, Roberto Tagliavini, Sergio Escobar, Jessica Stavros, David Sánchez, Rubén Amoretti, Josep Fadó. Dirección: Riccardo Frizza. Dirección de escena: Grazia Pulvirenti. Palacio Euskalduna. 19 de enero de 2019.
 
EkaterinaMetlova brilló interpretando a Giselda en el montaje amurallado de Lamberto Puggelli y Grazia Pulvirenti, del que pueden verse dos escenas // ABAO – OLBE / E. MORENO ESQUIBEL 
 
La dirección de escena concebida por Lamberto Puggelli –en esta ocasión dirigida por su viuda, Grazia Pulvirenti– es simple pero eficaz: sobre un fondo que hará de muro de las lamentaciones se irán proyectando diversos cuadros que recuerdan los horrores de la guerra: visiones de cadáveres en los frentes en fotografías a lo Robert Capa, el Guernica de Picasso, etc., o que llevan a los ámbitos en que la acción se lleva a cabo: un palacio en Milán, la cueva del eremita o los campamentos guerreros. A lo largo de toda la obra prevaleció un aire de tristeza, de tragedia que ni la adecuada iluminación de Andrea Bonellini ni el bien concebido vestuario de Santuzza Cali, en tonos ocres o grisáceos, siempre apagados, dieran un toque de alegría.
En todo caso, la propuesta escénica resultó, a pesar de lo depresiva, grata visualmente: el muro sobre el que se proyectaban las imágenes estaba encajado entre espejos laterales y ello producía una bella impresión paisajística, pero a la vez una solidez y cerrazón que hizo que los coros y el protagonista, cuando hubieron de cantar los internos, se oyeran terriblemente mitigados, difíciles de oír, verdaderamente distantes. En esos momentos no acompañó del todo correctamente la Euskadiko Orkestra Sinfonikoa, que no alteró dinámicas y fraseo para permitir mayor cohesión de esos momentos sonoro. El director musical, Riccardo Frizza, dados los fallos en la voz de algunos de los roles principales, no tuvo nada fácil su tarea, pues esos detalles negativos fueron notorios en el primer acto; más tarde, otra vez, surgieron ciertos problemas de dinámica en el acompañamiento a los cantantes. No se apreció en el conjunto orquestal más que un buen nivel, pero ningún brillo especial, sino una correcta actuación. Sí brilló, en todo caso, la ayuda de concertino, Waldemar Machmar en el largo solo de violín del último acto y en los retazos en que acompaña, también como solista, en la muerte del protagonista. Fue llamado a saludar y recibió merecidos aplausos.
La megafonía había prevenido de una afección vocal de algunos de los primeros papeles. José Bros, apenas pudo con el personaje de Orontes, apareciendo con el instrumento muy castigado; hubo de conformarse con recurrir a un canto a media voz y a llevar el papel como pudo. Por ello no permitió disfrutar de su voz ni de su habitual bien articulada línea de canto. Una pena; no se llevarán un buen recuerdo quienes le hayan oído por primera vez.
Se previno también de la afección de Roberto Tagliavini, pero él sí cumplió con el papel de Pagano sin total autoridad ni brillantez, pero con más que suficiente estilo y expresión, apoyándose además en un buen comportamiento actoral y en una grata voz. Muy solvente Jessica Stavros en su doble papel como Viclinda y Sofia. Y una gran actuación en su debut local la del tenor Sergio Escobar como Arvino, papel al que supo otorgar las variadas expresiones que requiere.
Los papeles menores fueron adecuadamente resueltos por David Sánchez, Ruben Amoretti y Josep Fadó. Todos ellos ayudaron a salvar la tarde aciaga junto a la actuación del Coro de la Ópera de Bilbao, una vez más con un excelente desempeño general y una especialmente finísima prestación de las voces femeninas, y por otra la impecable demostración de calidez, potencia, afinación y expresión de la soprano Ekaterina Metlova, la Giselda triunfadora de la noche.  * José Miguel BALZOLA