Teatro Villamarta
Gluck  ORPHÉE ET EURYDICE
José Luis Sola, Nicola Beller Carbone, Ruth Rosique, Martín Puñal. Dirección: Carlos Aragón. Dirección de escena: Rafael R. Villalobos. 20 de enero de 2019.
 
Nicola Beller Carbone como Eurydice en este controvertido montaje de Rafael Villalobos que trasladó la obra a un psiquátrico // Teatro Villamarta / Javier FERGO
 
La segunda representación de la versión parisina de Orphée et Eurydice, en el Teatro Villamarta, en principio programada para el sábado 19, se vio aplazada al día siguiente por una indisposición de una de las protagonistas, muy poco antes del comienzo. La soprano sevillana Leonor Bonilla fue baja y tuvo que suspenderse la función. No ocurría algo así en Jerez, desde hacía 22 años, pero la dirección del coliseo estuvo rápida y consiguió que, en unas horas, Ruth Rosique sustituyera a Bonilla en el papel del Amour en este Orphée francés.
De las peores situaciones, a veces, nace lo mejor: Ruth Rosique triunfó y consiguió el milagro de salvar la representación. Y, aunque apoyada en la lectura de la partitura, estuvo brillante en lo canoro, y radiante en la interpretación. La intérprete posee una vis dramática importante, y ahora, además ha demostrado tener gran valentía al asumir in extremis un papel en una nueva producción del Teatro Villamarta no exenta de peculiaridades, sobre todo escénicas y de reformulación estética, creación de Rafael R. Villalobos, responsable de la dirección de escena y dramaturgia de la obra. La revisión recrea una especie de sanatorio, expresión del dolor humano, como concepto más actualizado del infierno, y a ello suma una nueva distribución de personajes, desdoblando los papeles de Orphée y Eurydice, en una pareja ora joven, ora anciana. El desdoble de Eurydice (joven), corresponde a Ruth Rosique, quien en el primer encarnó al Amor. El desdoble de Orphée (joven), es el actor Martín Puñal, quien además recita a Sartre al comienzo del segundo acto. La materialización de la idea de Villalobos, confunde al público, que no sabe bien cómo interpretar qué está pasando en el escenario, y no por situarse la escena en una casa de salud, sino por la confusión de papeles.
El tenor José Luis Sola, como Orphée, tuvo una intervención irregular, pese a ponerle ganas, en un papel en el que no brilló y le forzaba a mostrar dificultades en el paso de la voz al cambiar los registros, lo que al final resta brillantez al personaje.
Nicola Beller Carbone dio vida a una Eurydice anciana, teniendo que convencer al público del desdoble de su papel, en un contexto algo difícil de comprender. Bien. La Filarmónica de Málaga, bajo la batuta de Carlos Aragón, quien se decantó por una interpretación historicista, muy del siglo de Las Luces, dando aire a los cantantes, aún a riesgo de perder protagonismo, lo cual, resultó una buena decisión.
El Coro del Teatro Villamarta, bajo nueva dirección compartida por José Ramón Hernández y Ana Belén Ortega, tuvo una muy buena interpretación, demostrando que las líneas marcadas por su anterior director, Joan Cabero, siguen estando ahí. Si no lució más, en una ópera que necesita de un buen coro, tal vez fuera por una falta de resolución en la escenografía, un poco justa a la hora de llenar los espacios musicales con algo más de acción.  *Jesús SÁNCHEZ-FERRAGUT