The Royal Opera
Chaikovsky  LA DAMA DE PICAS
Aleksandrs Antonenko, Eva-Maria Westbroek, John Lundgren, Vladimir Stoyanov, Felicity Palmer, Anna Goryachova. Dirección: Antonio Pappano. Dirección de escena: Stefan Herheim. 13 de enero de 2019.
 
En las imágenes, Aleksandrs Antonenko, Eva-Maria Westbroek junto a Anna Goryachova y Vladimir Stoyanov, protagonistaS de esta nueva Dama de picas de Antonio Pappano y Stefan Herheim en Covent Garden // The Royal Opera House / Catherine ASHMORE 
 
La nueva producción de Stefan Herheim de La Dama de picas, una de las óperas de Chaikovsky más difundidas en Occidente junto a Evgeni Onegin, se estrenó en el Covent Garden meticulosamente ensayada y coreografiada. La propuesta concentra la acción alrededor del compositor que también es el Principe Yeletsky, una dualidad que puede confundir a quien de antemano no haya leído el programa, o quien no sepa que este personaje fue inventado por Chaikovsky y que no existe en la novela original de Pushkin. Se trata de una visión atormentada creada por un hombre que supuestamente bebió agua contaminada para acabar con su vida. Esta teoría sobre la razón de la muerte del compositor es puesta en duda en un artículo del profesor e investigador Philip Ross Bullock de la Universidad de Oxford.
Sea como sea, no es esta una producción apta para quien acuda al teatro sin haberse preparado. La escenografía de Philipp Fürhofer ubica la acción en un salón con ventanas y el escenario se abre cuando hay escenas más grandes con coro; todo ello dirigido pluma en mano por este Chaikovsky/Yeletsky, incluso a los personajes que interactúan con él, aunque siempre trata de controlar la acción, y no siempre con éxito.
Herheim es un director que caracteriza al milímetro y todos sus personajes se mueven de forma intensa, en especial la figura de Gherman, un hombre perdido en una sociedad que lo acepta a medias. Lisa es su contrapartida, una mujer sin destino, atrapada por su situación. Hay algo tremendamente inevitable y trágico en esta producción. Para este Chaikovsky/Yeletsky esas emociones son su inspiración para componer, marcando los tiempos de la música con su pluma y escribiendo la música sobre su piano que domina el escenario desde un costado.
Para hacer justicia a una producción compleja como esta se necesitaba un elenco mejor que el ofrecido. Curiosamente, y quizás porque su voz se apreció como un poco salvaje, Aleksandrs Antonenko fue la figura más convincente dibujando un hombre ahogado en la sociedad que se retrata; su voz resultó atormentada y a veces muy tirante, pero ¿no es así como se debe cantar Gherman?  Eva-Maria Westbroek cantó Liza con su acostumbrada calidez y simpatía, pero su vibrato llegó a molestar. Felicity Palmer es una estrella veterana y como la Condesa resaltaron sus pianísimos y su correcto francés. Vladimir Stoyanov tuvo la ardua tarea de estar sobre el escenario la mayor parte del tiempo y su Yeletsky fue, por definición, una caracterización compleja, aunque cantada con poco impacto dramático. John Lundgren fue el único cantante de auténtico peso vocal: su Tomsky convenció totalmente.
En una ópera tan rusa fue un deleite escuchar al coro despachar la música con tal volumen y ataque, al igual que la lectura de Antonio Pappano, que no dejó ninguna duda de que los extremos, piani y fortissimi es lo que más importa en este repertorio tan especial. Su orquesta proveyó sonido de enorme poder y también delicadeza, aspectos que dejó espacio para que la orquestación recalcara la obsesión escrita en la partitura.  * Eduardo BENARROCH