Gran Teatre del Liceu
Puccini MADAMA BUTTERFLY
Lianna Haroutounian, Jorge de León, Damián del Castillo, Christophe Mortagne, Ana Ibarra, Felipe Bou. Dirección: Giampaolo Bisanti. Dirección de escena: Moshe Leiser y Patrice Caurier. 12 de enero de 2019.
 
El primer reparto de esta reposición de la ‘Madama Butterfly’ de Leiser y Caurier contó con el tenor canario Jorge de León y el debut local de la soprano Lianna Haroutounian // Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
 
Esencial y elegante, la escenografía de Christian Fenouillat –que ya no merecía ser mencionada en el programa de sala cuando sí lo hacía el diseño de luces de Christophe Forey, que además incorporaba como socio para estas representaciones a John Charlton– presentaba en esta reposición los mismos problemas que ya pudieron detectarse en las anteriores ediciones de 2006 y 2013: excesiva solidez en los paneles que delimitan el espacio escénico en perjuicio de la proyección de las voces en los internos y arredi un tanto exiguos que complican con su escasez los movimientos de los actores en escena. La dirección escénica de Moshe Leiser y Patrice Caurier, repuesta ahora por Gilles Rico, tuvo el relativo mérito de repetir los errores ya antes detectados, con un Goro que ignora las instrucciones del libreto en más de una ocasión –al ponderar la solvencia económica de Yamadori se dirige a Butterfly, que ya la conoce, en lugar de informar al cónsul y tras apoyar gestualmente su “Con l’invito” se apuntilla innecesariamente para “Ha ubbidito”– y una secuencia de la muerte de la protagonista que está en el mismo caso, obviándose la presencia del biombo y el velo blanco que tanta fuerza dan a la estética del sacrificio. Aportó, en cambio, una buena dirección de actores, que con la memorable dirección musical de Giampaolo Bisanti contribuyó a elevar la temperatura emocional del espectáculo. Optó el director milanés por recorrer un camino arriesgado con sus tempi meditadamente lentos y unas pausas tan expresivas como peligrosas, pero todo ello según un criterio coherente y sin dejar que la línea musical cayera en momento alguno. En el estreno fue aclamado por el público –¿quién dijo que nadie se fija en estas cosas?– y bien servido por la orquesta y el coro, afinado en el interno que ya nadie se cree que realmente se cante a bocca chiusa y que esta vez no salió a saludar.
 
 
 
 
 
 
Lianna Haroutounian brilló en el papel protagonista con una voz que fue tomando cuerpo y proyección a medida que transcurría la velada y un fraseo de gran calidad que le permitió imponerse no solo en las grandes páginas del segundo acto sino en un canto de conversación impecable. Jorge de León, con un registro agudo firme y seguro, logró evitar las caídas de tensión que se insinuaban en sus primeras frases y acabó de forma impecable su desempeño en la figura del ingrato personaje. Damián del Castillo, sin poseer una voz especialmente atractiva, argumentó correctamente sus comentarios consulares, mientras Ana Ibarra exhibió una voz bien emitida y un acento adecuadamente emocionado como Suzuki. Excesivamente gesticulado pero bien detallado vocalmente el Goro de Christophe  Mortagne y más destacado escénica que vocalmente el Zio Bonzo de Felipe Bou. Perfecta la Kate Pinkerton de Mercedes Gancedo y carencia de agobio en los papeles menores. Una función que dio más de lo que en principio se esperaba de ella. * Marcelo CERVELLÓ