Grand Théâtre de Genève
Donizetti  VIVA LA MAMMA.
Laurent Naouri, Patrizia Ciofi, David Bizic, Melody Louledjian, Luciano Botelho, Pietro Di Bianco, Enric Martínez-Castignani, Katherine Aitken, Péter Kálmán, Rodrigo Garcia. Opéra des Nations. Dirección: Gergely Madaras. Dirección de escena: Laurent Pelly. 3 de enero de 2019.
 
El ingenioso montaje de Laurent Pelly contó con un elenco de voces que no lograron lucirse ni brillar demasiado // Grand Théâtre de Genève / Carole PARODI.
 
Como despedida operística del escenario de l'Opéra des Nations antes de la gran reapertura con el Ring wagneriano en el renovado Grand Théatre, la Ópera de Ginebra propuso una nueva coproducción con el Gran Teatre del Liceu (y la Ópera de Lyon) de la hilarante farsa Le convenienze ed inconvenienze teatrali de Donizetti, popularizada como Viva la mamma! La propuesta, firmada por un inspirado Laurent Pelly, sitúa la acción en un teatro abandonado, reconvertido en un aparcamiento de coches que singularmente mantiene la forma de herradura y en el cual un palco de proscenio es la garita del vigilante. Recordaba un poco el montaje de Fantasmi di Roma de Pietrangeli, en el que Pelly hizo revivir los ensayos de la compañía que una vez se paseó por ese teatro en pleno esplendor, que desaparece ante la presencia de los humanos actuales, como si, por culpa de todo su desatino estuvieran condenados a repetir una y otra vez los ensayos de esa puesta en escena imposible. La lectura es vibrante, llena de comicidad y de esa sapiencia teatral que el regista francés posee como marca de la casa. El segundo acto sitúa la acción en el momento que tienen lugar los ensayos de la compañía, con un teatro en pleno esplendor. Los gags y parodias se suceden magistralmente, hasta ese conclusivo desplome de la compañía que arruina al empresario teatral y que obliga a convertir el teatro en el futuro aparcamiento. 
Si teatralmente la obra funcionó a las mil maravillas, musicalmente hubo resultados irregulares, aunque también con algunas alegrías, como una dirección de inspirada teatralidad de Gergely Madaras ante la Orquesta de Cámara de Ginebra. Aunque sin atisbo de genialidad, Madaras mantuvo el frenético ritmo sin caer en estereotipos ni banalidades, y apoyando el discurso musical.
Laurent Naouri se desenvolvió muy bien como Mamma Agata, un rol que le va como anillo al dedo en su estado vocal, aunque abusó del histrionismo, el canto declamado y la parodia, dibujando una divertidísima "Assisa a piè d'un sacco", del Otello rossiniano. La Luigia de Melody Louledjian estuvo a medio gas hasta que deslumbró con su elegancia y musicalidad en "Tu che voli già spirto beato", de Fausta de Donizetti. El preocupante estado vocal de Patrizia Ciofi debería hacerle reflexionar sobre qué proyectos lleva a cabo; si bien conserva la elegancia en el saber decir, la voz ha perdido sonoridad en los graves, y los agudos suenan gritados; solo, y en alguna ocasión, produce algún sonido de lo que ella había sido en el registro medio. Una verdadera lástima. Luciano Botelho como Guglielmo resultó también un disparate como tenor, con una proyección deficiente y un estilo alejado al del bel canto. David Bizic resultó un convincente Procolo, más por intención que por estilo. Muy sólidos y efectivos Pietro di Bianco (Strappaviscere) y Enric Martínez-Castignani (Salsapariglia).  *Albert GARRIGA