Wiener Staatsoper
J. Strauss  DIE FLEDERMAUS
Olga Bezsmertna / Annette Dasch, Herbert Lippert /Adrian Eröd, Clemens Unterreiner, Jochen Schmeckenbecher, Daniela Fally / Maria Nazarova, Jörg Schneider, Zoryana Kushpler, Peter Jelosits, Peter Simonischek. Dirección: Sascha Goetzel. Dirección de escena: Otto Schenk. 1 y 5 de enero de 2019.
 
La Ópera de Viena inauguró 2019 con su tradicional Murciélago, opereta que se presentó en el clásico montaje de Otto Schenk y con Sascha Goetzel en el podio // Wiener Staatsoper / Michael PÖHN 
 
Desde 1900 es tradicional ofrecer en el día de San Silvestre, la última noche del año, El murciélago de Johann Strauss hijo, la reina de las operetas. Aunque en Viena hay otro teatro espacilizado en este género, la Volksoper, la Staatsoper también ha incluido operetas en su programación, como El barón gitano en 1975 con Franco Bonisolli, Judith Beckmann, Hans Beirer y Erich Kunz, o La viuda alegre en 1999 con Barbara Bonney, Angelika Kirchschlager, Bo Skovhus y Paul Groves bajo la dirección de John Eliot Gardiner, pero desde hace años Die Fledermaus es la única que mantiene en el repertorio.
El 31 de diciembre de 1960 se estrenó la famosa producción con Eberhard Waechter, Hilde Güden, Walter Berry, Erich Kunz, Rita Streich, Gerhard Stolze y Giuseppe Zampieri, con dirección de Hebert von Karajan, a la que seguiría 19 años más tarde el presente montaje de Otto Schenk con Bernd Weikl, Lucia Popp, Walter Berry, Erich Kunz, Edita Gruberova (que ya había participado con el pequeño papel de Ida en la escenificación anterior), Brigitte Fassbaender y Josef Hopfweiser. En la primera representación con Karajan, Giuseppe di Stefano apareció como invitado, aunque esta tradición no suele figurar en la producción de Schenk, aunque en el segundo acto han participado también –en otros 31 de diciembre– Plácido Domingo –que dirigió algunas funciones–, Josep Carreras, Edita Gruberova –que después interpretaría a Adele–, Jonas Kaufmann, Agnes Baltsa, Michael Schade –que en esta producción interpretó a Alfred y a Einsenstein–, Anna Netrebko, Erwin Schrott, Peter Seiffert, Andreas Schager y, en la primera función de esta serie, René Pape.
Este título se daba antes con mayor frecuencia y no solo a fin de año con varias representaciones, sino en la época del carnaval, pero actualmente si se quiere ver la obra con mayor frecuencia en Viena hay que ir a la Volksoper, que tiene en repertorio una producción mucho más divertida, con diálogos más reducidos y menos aburridos. Con todo, la versión escénica de Schenk con escenografía de Günther Schneider-Siemssen y vestuario de Milena Canonero, es muy opulenta y gusta mucho a los visitantes de la ciudad.
Estas representaciones fueron dirigidas por el vienés Sascha Goetzel, que supo coordinar perfectamente las fuerzas a sus órdenes e hizo un buen trabajo, con una orquesta y un coro en plena forma. El Wiener Staatsballett se lució en el segundo acto con la polka Unter Donner und Blitz. Compartieron el rol masculino de Eisenstein, donde habitualmente figuraban tenores como Rudolf Schock, Waldemar Kmentt o Siegfried Jerusalem, Herbert Lippert y Adrian Eröd, el primero con una voz de tenor de escasa presencia pero con una actuación acorde con la auténtica tradición vienesa, y el segundo, que antes había hecho el Doctor Falke, con una ligera voz de barítono atenorado y una actuación escénica de gran efecto. Olga Bezsmertna fue una buena Rosalinde a la manera vienesa y Annette Dasch, que la hacía por vez primera aquí, sorprendió con la corrección de su estilo y lo divertido de su aportación como actriz. Daniela Fally fue una Adele más acertada en el carácter que en el canto, pero siempre a un gran nivel, mientras la ucraniana Maria Nazarova destacó por su impecable vocalidad y sus dotes escénicas.
El mejor canto vino servido por Jörg Schneider, un Alfred de notable vis cómica que cantó todas las representaciones al haber cancelado Ramón Vargas las que tenía a su cargo, al igual que ocurrió con Clemens Unterreiner sustituyendo a Rafael Fingerlos. Este barítono vienés no destaca vocalmente como Doctor Falke, pero su personalidad hizo al personaje perfectamente creíble. Lo mismo puede decirse de Jochen Schmeckenbecher como Frank, el director de la prisión. Si se exceptúa un couplet un tanto deslavazado, Zoryana Kushpler fue un buen Príncipe Orlovsky. Peter Jelosits resolvió sin problemas el papel de Doctor Blind y el actor Peter Simonischek representó al siempre beodo carcelero Frosch de manera normal en su rol hablado, mientras Lydia Ratghkolb fue una pálida Ida, la hermana de Adele.  * Gerhard OTTINGER