Bizet CARMEN
Annalisa Stroppa, Arnold Rawls, Kostas Smoriginas, Cristina Pasaroiu, Sonia Grané, Judita Nagyova, Wolfgang Stefan Swaiger, Yasushi Hirano, István Horváth, Adrian Clarke, Stefan Wallraven, Lea Gratzer. Dirección: Paolo Carignani. Dirección de escena: Kasper Holten. 22 de julio de 2017.
 
Kasper Holten se encargó de la puesta en escena de Carmen © Festival de Bregenz / Karl Forster
 
El Festival de Bregenz se erige cada verano como el decano de los certámenes que utilizan un lago como marco escénico de excepción. Inició su andadura en 1946 y, desde entonces, ha sorprendido en cada edición por la espectacularidad de sus montajes muy a lo entertainment, aunque la calidad musical tampoco admite brechas. No es un evento apto para puristas, ya que el escenario completamente abierto a boca de lago hace que los cantantes deban ser amplificados y que la orquesta y el coro no se encuentren en el mismo espacio en el que ocurre la acción dramática. Cada nueva producción explota al máximo el marco acuático y la inmensidad del escenario para utilizar recursos muy espectaculares, como saltos al vacío, llegadas en barco, desprendimientos desde las alturas y hasta fuegos artificiales. 
El regista danés Kasper Holten, que se ha labrado un merecido prestigio con propuestas no exentas de carga dramática e innovación teatral junto a equilibrio y respeto a las obras, fue el responsable de esta Carmen. El director de escena concibió un espectacular escenario, diseñado por Es Devlin, inspirado en la escena de las cartas del tercer acto, con plataformas que se sumergen en el agua –caso del ballet de la taberna de Lillas Pastia, cuando los bailarines terminan bien remojados– o la muerte de Carmen a manos de Don José, ahogada en vez de apuñalada. La experiencia visual deja a uno con la boca abierta en varias ocasiones y mantiene la atención del espectador, más por la expectación por el siguiente efecto escénico que por la intensidad teatral. Pero el espectáculo funciona, y muy bien. 
Musicalmente, Paolo Carignani jugó con los cuerpos estables –qué maravilla los Wiener Symphoniker – de manera magistral.
Annalisa Stroppa es una Carmen muy de raza. Sobrada de medios, la mezzo italiana cuenta con una voz de cálido color, que junto a una musicalidad e intuición muy dramáticas le confirieron las herramientas para realizar una interpretación redonda y ejemplar. Sin duda, lo mejor de la velada. A su lado, la soprano rumana Cristina Pasaroiu fue una Micaëla de acento eslavo y voz algo oscura, pero musical y dramáticamente muy solvente. Kostas Smoriginas fue un Escamillo de adecuado porte chulesco a quien la amplificación ayudó a maquillar una proyección normalmente dudosa. Muy bien Sonia Grané y Judita Nagyova como Mercedes y Frasquita. El punto negro lo marcó el Don José del tenor norteamericano Arnold Rawls, con una dicción ininteligible, un color desagradecido y un fraseo imposible. A Rawls la amplificación, precisamente, le hizo un flaco favor por evidenciar los problemas de su instrumento.  * Albert GARRIGA