Gran Teatre del Liceu 
Verdi IL TROVATORE
Tamara Wilson, Piero Pretti, Marianne Cornetti, George Petean, Marco Spotti. Dirección: Daniele Callegari. Dirección escénica: Joan Anton Rechi. 18 de julio de 2017.
 
Protagonistas del elenco alternativo de Il Trovatore en Barcelona © Gran Teatre del Liceu / Antoni Bofill
 
Confirmado en la última distribución de papeles que Marianne Cornetti iba a hacer las dos Azucenas de los Trovatore que en julio despidieron la temporada liceísta con la única salvedad de la función del día 20 –adjudicada a Larisa Kostyuk– y conocidas ya las potencialidades de Tamara Wilson, excelente Norma en 2015, y de George Petean por la Bohème del pasado año, todo el interés de este segundo reparto se centraba, a priori, en la prestación del joven tenor Piero Pretti, máxime cuando la figura del protagonista suele suscitar curiosidad y expectación a partes iguales ante el desafío de sus páginas de prueba. El tenor italiano gustó, y aunque su presencia vocal no fue decisiva en los pezzi d’assieme ni su versión de la Pira estuvo exenta de problemas, pudo siempre guarecerse en un fraseo en el que predominaban el buen gusto, la impostación segura y lo atractivo del timbre sobre el ligero engolamiento de la emisión.
Tamara Wilson, a falta de una cavata de la suficiente amplitud como para hacer honor a las grandes arcadas del fraseo verdiano, aportó una emisión siempre ajustada –algo más metálica, por cierto, que cuando interpretó aquí la Norma– y sentó cátedra en un “Tu vedrai che amore in terra” tan espectacular como merecidamente aplaudido.
George Petean, por su parte, fue un Conde de Luna quizá algo más ahuecado de lo necesario pero siempre armado de la autoridad precisa y superando con un “Balen” excepcionalmente bien cantado los atisbos de entonación dudosa del primer acto. Marco Spotti fue un pálido Ferrando sin superar los límites de una borrosa corrección.
No será superfluo quizá señalar que el coro siguió con sus imprecisiones en el cuadro del ritiro y que los internos siguieron sin oírse.  * Marcelo CERVELLÓ