Teatro La Fenice
Verdi LA TRAVIATA
Claudia Pavone, Leonardo Cortellazzi, Luca Grassi,Elisabetta Martorana, Sabrina Vianello, Iorio Zennaro, Armando Gabba. Dirección: Francesco Ivan Ciampa. Dirección de escena: Robert Carsen. 16 de julio de 2017. 
 
Pie de foto: Dos escenas del montaje de La Traviata de Robert Carsen © Teatro de La Fenice / Michele Crosera
 
Como viene siendo tradición desde hace más de una década, el Teatro La Fenice de Venecia repuso este verano la versión de La Traviata –título que Verdi estrenara en este mismo escenario en 1853– que Robert Carsen realizara en 2004 para inaugurar el coliseo reconstruido, montaje que hoy supone un clásico presente en cada temporada. La excelente regia del canadiense critica el poder del dinero y su carga de corrupción, tema –vergonzosamente– hoy de gran actualidad y presente en los tres actos, y en contraste con la inmensa generosidad del único personaje incorrupto: Violetta. En escena se refleja también el sarcasmo de quienes dominan a los débiles, y ciertas dosis de ironía que aligeran el enorme peso dramático de la historia: los divertidos coros y bailes de las zíngaras y matadores del segundo acto siguen provocando la euforia del público.
Claudia Pavone fue una Traviata que comenzó un tanto tensa en la zona media de su voz y que fue adquiriendo mayor naturalidad a medida que avanzaba la lectura los pentagramas, culminando con un broche de oro en una noche que quedará para el recuerdo por su entrega interpretativa. La evolución psicológica de su personaje mostró su capacidad para reproducir las complejidades literarias de la obra, sobresaliendo con unos espléndidos agudos y alcanzando momentos de gran delicadeza expresiva como en “Ah! dite alla giovine sì bella e pura”.
Dueño de un precioso timbre, Leonardo Cortellazzi (Alfredo) cantó con perfecta dicción y con facilidad para ir del pianísimo al forte, actuando con elocuencia teatral. Luca Grassi fue uno de los más ovacionados de la velada, a lo que contribuyó la belleza de su arco de fraseo; a su actuación, sin embargo, le faltó credibilidad teatral para definir su complejo personaje y su evolución, desde la intransigencia inicial hasta la posición paternalista del hombre arrepentido. Elisabetta Martorana (Flora) ofreció momentos exquisitos en lo vocal y lo teatral. El Gastone de Iorio Zenaro compensó una emisión forzada con su sentido fraseo, y la Annina de Sabrina Vianello, aunque  comenzó titubeante, acabó mostrando mayor seguridad a medida que avanzaba la obra.
El coro aportó momentos de extraordinaria sonoridad, perfectos sus integrantes en el empaste y la afinación e inteligentemente jerarquizados. La batuta de Diego Matheuz, titular del teatro veneciano, recorrió los compases verdianos profundizando en la enorme carga trágica de la obra, y adaptándose con flexibilidad al desarrollo del hilo dramático.  * Verónica MAYNÉS