Bayerische Staatsoper
Schreker DIE GEZEICHNETEN
Tomasz Konieczny, Christopher Maltman, Alastair Miles, Catherine Naglestad, John Daszak. Dirección: Ingo Metzmacher. Dirección de escena: Krzysztof Warlikowski. 1 de julio de 2017.
 
El Festival de Múnich estrenó un nuevo montaje de Die Gezeichneten © Bayerische Staatsoper / Wilfried Hösl
 
Estrenada en Frankfurt en 1918, Die Gezeichneten (Los estigmatizados) es una de las obras mayores de Franz Schreker, uno de los compositores que sufrió la persecución del régimen nazi y que tuvo que esperar décadas hasta que su música fuera reivindicada, aunque sin volver a ocupar la posición destacada que tuviera en vida. La nueva producción que la Bayerische Staatsoper, estrenada en el marco de su fastuoso festival anual, tuvo como factor más destacado la versión musical firmada por Ingo Metzmacher. En su tardío debut en el teatro muniqués, el director alemán controló con mano firme la suntuosa partitura, dosificando con buen tino los efluvios más tóxicos de una escritura que es una borrachera de colores y texturas, evitando, de paso, toda tentación kitsch. A su servicio tuvo una orquesta en gran forma, capaz de destellos de pura magia sonora, así como un coro entregado.
El extenuante papel de Alviano, el noble deforme que crea una isla de pura belleza en la que, sin su conocimiento, sus congéneres celebran perversas orgías, fue defendido con firmeza por John Daszak, pesa a un timbre, como siempre, poco grato. Impecable el Tamare de Christopher Maltman, de voz densa y encarnación impetuosa, mientras Tomasz Konieczny aportó buenas dosis de autoridad al conde Adorno. Objeto del deseo de Alviano y Tamare, Carlotta encontró en Catherine Naglestad una intérprete con la suficiente consistencia en el centro y facilidad de expansión en el agudo, pese a que a su interpretación le faltó aportar el misterio que rodea al personaje. Todo el resto del extenso reparto cumplió sin problemas.
La producción de Krzysztof Warlikowski era una colección de citas cinéfilas y de arte contemporáneo al servicio de una reflexión pertinente sobre la aceptación o no de la diferencia, de la alteridad, incluso de lo que se considera monstruoso, encarnada tanto por un Alviano caracterizado como el Hombre Elefante como por el espacio artístico que regenta, visitado por una masa ignorante con cabeza de rata. ¿Habrá visto Warlikowski el Lohengrin de Neuenfels en Bayreuth?
Si la teoría funciona, la práctica no tanto, porque el gélido decorado de Malgorzata Szczęśniak incrementó la sensación plúmbea del montaje hasta bien entrado el segundo acto, cuando el decisivo encuentro entre Alviano y Carlotta se convierte en un cruce entre una performance de Marina Abramović y una de las escenas más surrealistas del film Inland Empire de David Lynch. ¿Demasiadas referencias y poco teatro? Suerte que en el foso Metzmacher mantuvo en todo momento el interés de esta ópera apasionante.  * Xavier CESTER