Teatro Arriaga 
Monteverdi L’ORFEO
Anna Alàs, Alicia Amo, Marysol Schalit, Jonathan McGovern, José Manuel Zapata, Ismael Arróniz, José Manuel Díaz. Dirección: Karel Valter. Dirección de escena: Barbara Horáková-Joly. 6 de mayo de 2017.
 
L’Orfeo subió al escenario del Arriaga en una propuesta de Barbara Horáková-Joly © Teatro Arriaga / E. Moreno Esquibel
 
El Teatro Arriaga se ha volcado con decidida firmeza en la celebración de los 450 años del nacimiento de Claudio Monteverdi, habiendo ofrecido en recital un libro de sus madrigales y el espectáculo lírico Il combattimento basado en algunas de sus cantatas, además de tener programados nuevas veladas con el segundo y cuarto libros de madrigales. El coliseo bilbaíno también ha querido llevar a su escenario L’Orfeo, ópera con un libreto de Alessandro Striggio –que cambia la leyenda mitológica para que Orfeo, en lugar de morir, suba a los cielos– poético-filosófico que, si bien vale para una ópera de cámara o de salón, pocas posibilidades ofrece para una acción escénica de gran formato. De ahí el mérito del Arriaga y de su director, Calixto Bieito, al decidir invitar a la rompedora Barbara Horáková Joly, que recurrió a un montaje transgresor, hecho de andamios, escaleras y pasarelas para conseguir los adecuados planos y movimientos de solistas, coro y figurantes. La propuesta no se trató de ofrecer la ópera de Monteverdi, sino también se añadieron fragmentos musicales, ruidosos y rítmicos, que ayudaron a ese movimiento escénico a dar vida, en toda la primera parte, al lánguido discurrir de la acción mitológica. Así, la boda de los protagonistas fue un bureo para los integrantes de la joven pero magnífica Coral de San Juan Bautista que dirige Basilio Astúlez; se vio que los jóvenes intérpretes cantaban bien, bailaban igual y se divertían haciéndolo. A la riqueza de estas escenas contribuyó una acertada iluminación que firmaba Michael Bauer.
Siete solistas se ocuparon de los más de siete personajes. Gustaron sobre todo las intérpretes femeninas: muy atractiva la voz de Anna Alàs, que cantó con verdadero primor su aria; agradó Alicia Amo en su cambiante papel de Euridice y también se lució como violinista desde el mismo escenario en que actuaba. Fue un regalo la alegría en el canto con que se presentó Marysol Schalit en sus cuatro roles.
Muy apreciada la actuación del británico Jonathan McGovern en su largo y difícil papel de Orfeo –por los cambios de expresión y las continuas florituras–, con el que además mostró ser gran actor. Cumplieron bien José Manuel Zapata e Ismael Arróniz como Apolo y Caronte, respectivamente, y José Manuel Díaz hizo un sólido y contundente Plutone, aunque se quedara corto en algunas notas graves.
La Orquesta Barroca de Sevilla mostró una vez más su enorme categoría: un verdadero lujo de sonido amplio cuando había de serlo, con vientos y percusión en los proscenios envolviendo todo con potencia y con calor; finísimo y matizado de timbres cuando era para acompañar a los cantantes; instrumentistas de primera e instrumentos pocas veces oídos, como un regal, junto a las cuerdas, maderas, dos tiorbas, percusión… Y una espléndida dirección extraordinariamente expresiva de Karel Valter, precisa y con seguro control de tempi y de matices. *  José Miguel BALZOLA
 
 
 
 
 
 
 
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