Palau de les Arts
Donizetti LUCREZIA BORGIA
Mariella Devia, William Davenport, Silvia Tro-Santafé, Marko Mimica. Dirección: Fabio Biondi. Dirección de escena: Emilio Sagi. 26 de marzo de 2017.
 
Emilio Sagi fue el responsable de la puesta en escena de Lucrezia Borgia en Valencia © Palau de les Arts / Tato Baeza
 
Desde 2010 con Lucia de Lammermoor no se había vuelto a interpretar una ópera seria de Donizetti en el Palau de les Arts. La razón es obvia: la dificultad de encontrar cantantes para este repertorio y, en particular, una protagonista femenina. Tras el éxito de Norma hace dos temporadas, volvía Mariella Devia para interpretar esta Lucrezia Borgia que pide siempre el máximo de la cantante protagonista. La veterana soprano sigue haciendo las delicias del público gracias a una técnica superlativa que se materializa en una colocación perfecta, absoluto control del fiato y del legato, además de un agudo brillante y de fácil proyección. Todo ello no oculta algunas deficiencias, como la pérdida de esmalte en el timbre o la debilidad en los graves. En ese sentido, conviene recordar que el papel de Lucrezia no es un rol para soprano lírico-ligera, sino para una dramática con coloratura y que tiene una importante zona central y grave. La soprano intentó compensarlo recurriendo al agudo, como el mi bemol al final de su actuación, que no está escrito, pero que le permitió arrancar una ovación.
Silvia Tro Santafé tuvo también en la técnica su principal virtud y ninguna de las citadas carencias, de manera que firmó un Orsini del más alto nivel; de su canto destaca una colocación de los graves sin voz de pecho para no romper la homogeneidad del registro; además, el timbre se encuentra en un óptimo momento de forma y en escena se demostró como una convincente actriz.
Más irregular fue el Gennaro de William Davenport, que consiguió firmar alguna gran frase gracias a una voz de indudable atractivo tímbrico, aunque en ocasiones le faltó algo de apoyo dando pie a una versión de buen nivel, pero cierta irregularidad. El bajo-barítono Marko Mimica (Alfonso d’Este) convenció gracias a una voz de extraordinarias cualidades tímbricas y facilidad de proyección; fue la suya una versión generosa en lo vocal y atractiva en lo escénico a la que solo le faltó algo más de matices belcantistas. Magníficos los comprimarios provenientes en su mayoría del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo.
Emilio Sagi situó la acción en un espacio intemporal de estética moderna aunque con algunos guiños históricos en el vestuario. Utilizó elementos móviles para crear los distintos espacios obteniendo resultados muy efectivos. Desde el punto de vista dramático lo más interesante fue el tratamiento de la pareja Orsini – Gennaro, sugiriendo entre ellos algo más que una amistad. Lo peor: la primera escena en la que el espumillón enturbió la música.
Fabio Biondi ofreció una sorprendente versión; no era la primera vez que dirigía bel canto en Valencia ya que había interpretado en el Palau de la Música Norma y Anna Bolena. Y si, especialmente en Norma, destacó por su visión crítica y criterio historicista, eso mismo cabría haberse esperado en esta Lucrezia, pero no fue así. Ofreció una versión más bien convencional aunque sólida, de tempo vivo, pero poca tensión dramática. Faltó, además, una mayor matización de las dinámicas. Pero lo más extraño es que un director de su trayectoria permitiese licencias en los cantantes, en particular en la sempiterna cuestión de los agudos al final de las cabalette, como el ya mencionado mi bemol de Devia. Ese recurso, hay que recordar, no pertenece ni a la época ni al estilo de Donizetti (ni de Verdi). * César RUS

 

 
 
 
 
 
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