Teatro Comunale Luciano Pavarotti
Bellini I PURITANI
Irina Lungu, Celso Albelo, Fabián Veloz, Luca Tittoto, Kato Nozomi, Kim Keon Woo, Lorenzo Malagola Barbieri. Dirección: Jordi Bernàcer. Dirección de escena: Francesco Esposito. 19 de marzo de 2017.
 
 
De nuevo la noticia vino de la mano de un teatro de provincia, en este caso el Teatro Comunale de Módena, que ahora incorpora a su nombre el de Luciano Pavarotti y que, en coproducción con los coliseos de Piacenza y Reggio Emilia, puso en escena nada menos que la ópera de Bellini I puritani. Esta obra exige la presencia de cuatro cantantes de primerísima línea amén de una buena orquesta –en este caso la Regionale de la Emilia Romagna– y de un coro tan competente como el que aquí intervino –el titular del Teatro Comunale, preparado por Stefano Colò–, todo lo cual supone un notable esfuerzo de producción.
Esta ópera, la última del Cisne de Catania y que, por cierto, falta desde tiempo inmemorial en los carteles de La Scala, exige, efectivamente, un reparto que pueda nutrirse de lo mejor que pueda ofrecer el mercado en materia de voces, especialmente en el caso del tenor, pues Puritani no se programa si no se cuenta con el intérprete adecuado. Diez años después de su debut en el rol en Bolonia alternando con Juan Diego Flórez –este lo había ya cantado en Las Palmas–, Celso Albelo se ha confirmado ahora como un Arturo del máximo nivel. Su completo dominio de un registro agudo fulminante en el Do y en el Re sobreagudos, y que incluyó en Bolonia un Fa a voz plena que la sabia madurez del intérprete evita ahora muy oportunamente, se complementa con un legato de la misma maestría con la que negocia la messa di voce y el control absoluto de las dinámicas, con notas emitidas en piano que posteriormente refuerza y atempera sin esfuerzo aparente alguno. Variado en el fraseo, enfocó con insólita energía el terceto del primer acto con Riccardo y Enrichetta, para explotar desde un punto de vista canoro en frases como “Non parlar di lei che adoro”, que expuso con cantabilità fresca y lustrosa para hallar la nostalgia y la poesía necesarias a la melodia lunga lunga de “A te, o cara” y el esplendor de “Vieni tra queste braccia” o del sucesivo “Credeasi misera”.
Otra confirmación agradabilísima se dio en el caso de la extraordinaria Irina Lungu, ya plenamente italiana por carrera y residencia, que debutaba un papel que demostró dominar ya vocal e interpretativamente, desde el afligido dúo con su tío o la polonesa “Son vergin vezzosa”, que varió con gusto, hasta la cabaletta del segundo acto y toda su espléndida intervención en el tercero, servido todo ello con una voz brillante y con cuerpo en todo el arco del sonido. Hay que sumarle, en fin, la belleza de la mujer y la fascinación en el gesto y en la actitud, lo que hace perfectamente comprensible el entusiasmo del público al término de la representación.
Los espectadores también gratificaron con sostenidos aplausos al Sir Giorgio del bajo Luca Tittoto, una voz grave que sabe cantar con gusto para reforzar la autoridad del personaje. En su escena del segundo acto con el coro supo dosificar la voz con gran eficacia dramática, sin forzar nunca y favoreciendo el canto a flor de labio. Muy bien. Una sorpresa para quien no había tenido aún el placer de escucharle fue la ofrecida por el barítono argentino Fabián Veloz, cuya salida (“Per sempre io ti perdei”) ya justificaba toda su actuación. Una vocalidad importantísima de timbre varonil y aterciopelado, fluida y nunca cavernosa, le permitieron brillar incluso en un registro agudo sólido y carente de problemas. Lo que más cuenta en su caso, sin embargo, fue la sensibilidad del intérprete, que cantó siempre evitando los excesos vocales. Un ejemplo más que desmiente la hablilla de que faltan voces. Lo que pasa es que hay que saber escucharlas y dar a cada una el rol que le corresponde.
El reparto comprendía también a la muy positiva Enrichetta de la mezzosoprano Kato Nozomi y a los funcionales Lorenzo Malagola Barbeiri (Sir Gualtiero) y Kim Keon Woo (Sir Bruno Robertson), que compartieron los aplausos que también saludaron la presencia del director valenciano Jordi Bernàcer, que supo estar atento a la escena y lograr los mejores resultados de los cuerpos estables locales.
El montaje escénico, sugestivo y elegante, se beneficiaba de la muy eficaz escenografía de Rinaldo Rinaldi y Maria Grazia Cervetti, con una estructura que se va disgregando al paso que también lo hace la mente de la protagonista, víctima también ella de la guerra civil de los tiempos de Oliver Cromwell. Bien graduado el diseño de luces de Andrea Ricci y coherente la coreografía de Domenico Iannone. El vestuario, elegantísimo, jugaba con los tonos del negro y el gris, con la única excepción del rojo –azul, después- de la protagonista.
La dirección escénica de Francesco Esposito, en uno de sus mejores trabajos para Módena, fue adecuada y original. El público que llenaba el teatro en esta tarde de domingo aplaudió incesantemente a todos los intérpretes en una producción que viajará a Piacenza en los próximos días. Quien pueda aprovechar la ocasión no debería perdérsela. * Andrea MERLI

 
Pie de foto: Irina Lungu y Celso Albelo, protagonistas de I puritani en Módena © Teatro Comunale

 
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