Opéra National de Lyon
Wagner TRISTAN UND ISOLDE
Daniel Kirch, Ann Petersen, Christof Fischesser, Alejandro Marco-Buhrmeste, Thomas Piffka, Eve-Maud Hubeaux, Patrick Grahl. Dirección: Hartmut Haenchen. Dirección escena: Heiner Müller. 18 de marzo de 2017.
 
Stephan Suschke repuso el montaje de Tristan und Isolde de Heiner Müller © Opéra National de Lyon / Stofleth
 
 
La Ópera de Lyon eligió para su Festival Mémoires el Tristan und Isolde mítico de Heiner Müller, representado entre 1993 y 1999 en el no menos mítico Festival de Bayreuth. La reconstitución de esta puesta en escena fue confiada a Stephan Suschke, que renunciando a cualquier pretensión de tipo personal se propuso únicamente hacer vivir hasta en sus menores detalles el espíritu de Müller.
El papel de Isolde fue confiado a Ann Petersen, que se hizo cargo de manera maravillosa del mismo en la producción de Alex Ollé para Lyon en 2011. También para el público lionés era este un ejercicio importante de memoria. Aunque indispuesta en la primera representación, supo no obstante mantener valientemente el tipo con una gran delicadeza, si bien evidenciando en todo caso una cierta fragilidad.
El rol de Tristan fue encomendado a Daniel Kirch, que parecía un tanto incómodo con la gestualidad requerida. Se mantuvo, no obstante, a un nivel discreto con un hermoso timbre pero con una proyección escasa, aunque la rigidez de su gesto acabó produciendo una sensación de frialdad, que se hizo especialmente evidente en las escenas de amor. Parecía como si el famoso filtro se hubiera evaporado definitivamente.
De excepción puede considerarse al Rey Marke de Christof Fischesser, impresionante de profundidad, belleza de timbre y musicalidad. Es preferible olvidar el ridículo de la corona que se le asignó, ya muy discutida en su época. Los demás papeles fueron correctamente servidos, en especial por lo que respecta a la Brangäne de Eve-Maud Hubeaux y al Kurwenal de Alejandro Marco-Buhrmester.
Es seguramente la puesta en escena tan humanamente distanciada lo que da esa impresión de frialdad. Cada uno de los cuadros refleja la muy hermosa estética de los años noventa, pero si resulta enternecedor reencontrar las emociones de aquella época, es difícil penetrar en el inmenso aliento de los amantes. De hecho, se alcanza aquí el límite de la apuesta hecha por el Festival: la gestualidad de los cantantes, Isolda incluida, no pareció haber sido asimilada de acuerdo con el propósito del director de escena.
Pero por suerte queda la música y ese maravilloso director que es Hartmut Haenchen, que el día anterior había entusiasmado con la Elektra, supo traducirla a la cabeza de una orquesta y de unos coros en gran forma. * Teresa LLACUNA

 

 

 
 
 
 
 
Contáctanos
 
Dir:C/ Loreto 13-15, Esc. B. entlo 1ª, 08029,- BARCELONA
 
Tel: (+ 34) 93 319 13 00