Massy
Opéra de Massy
Antonio Sacchini XIMÈNE OU LE CID
Agnieszka Sławinska, Arterazd Sargsyan, Enrique Sánchez Ramos, Matthieu Lécroat, Jérôme Boutillier, Francis Joron, Eugénie Lefevre. Dirección: Julien Chavin. Dirección de escena: Sandrine Langlade. 14 de marzo de 2017
 
Agnieszka Sławinska y Arterazd Sargsyan, Ximène y Rodrigue en Massy © Opéra de Massy / Anne-Sophie Soudoplat
 
Esta obra de Antonio Sacchini fue estrenada con grandísimo éxito en Fontainebleau en 1783. Su música, de carácter indudablemente barroco, anuncia ya el Romanticismo primitivo y, si algo tiene de las composiciones de Mozart, anticipa la venida de Beethoven alternando momentos de inspirados recitativos con arias de alto vuelo. La presencia de los coros –felicítese a los Chantres du Centre de Musique Baroque de Versailles, dirigido por Olivier Schneebeli– dio cuerpo al personaje colectivo y añadió espesor musical, totalmente necesarios en la historia de Ruy Díaz, llamado aquí Rodrigue, en la cual, impresionada por las hazañas del héroe y empujada por los argumentos del rey, Ximène cede en favor del amor. La duda permanece en la mente de Sandrine Langlade, pues mandó a Agnieszka Sławinska a mantenerse al final del espectáculo –unos treinta larguísimos segundos– sola en el escenario, inmóvil, reflexionando sobre la pertinencia de la decisión tomada. Esta pirueta vino a coronar el excelente trabajo de la directora de escena. La artista, con minúsculos y eficaces medios escenográficos (Mathias Baudry), logró crear el ambiente de tensión necesario para seguir con interés, sin entreactos, una historia de la que todo el público conocía el final: la ópera se basaba en la obra de teatro de Pierre Corneille Le Cid (1637), muy conocida en Francia. Dígase en pro del libretista Nicolas-François Gaillard que supo extraer de la historia las partes que mejor ilustraban los temores de Doña Jimena, pero que, en cambio, desajustó las citaciones históricas: el Cid (1043-1099) mostró aquí su valentía defendiendo Sevilla, que confundió, de seguro, con Valencia.
 
Julien Chauvin, al frente de la orquesta Concert de la Loge, dio soporte a los artistas en el escenario en solos, dúos y números de conjunto, y facilitó al público presente una buena idea de la música de Sacchini en los momentos sinfónicos.
 
Arterazd Sargsyan vistió los ropajes de Rodrigue con voz firme, masculina, caballeresca hasta cierto punto, respetando al máximo el acento francés. Convenció su interpretación dramática, forzosamente limitada por las exigencias de una producción itinerante y por las exigencias del género barroco. La citada Sławinska (Ximène), con mayor papel, presentó un trabajo dramático que, aunque más moderno, resultó igualmente creíble; vocalmente lució un timbre atractivo en las partes recitadas o cantadas con poca potencia. El aumento de la proyección conllevaba cambios de timbre no siempre agradables. Matthieu Léonard ofreció una interpretación memorable de Don Diègue, el padre de Rodrigue, y Enrique Sánchez-Ramos asumió con gran fe el rol del rey, sin precisar que se trataba del fiel Sancho II o del dudoso Alfonso VI. * Jaume ESTAPÀ
 
 
 
 
 
 
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