Deutsche Oper
Britten MUERTE EN VENECIA
Paul Nilon, Seth Carico, Tai Oney, Lena Natus, Rauand Taleb, Ebru Dilber, Julia Breier, Anne Römeth, Anthony Mrosek. Dirección: Donald Runnicles. Dirección de escena: Graham Vick. 19 de marzo de 2017.
 
Paul Nilon protagonizó Muerte en Venecia en Berlín © Deutsche Oper / Marcus Lieberenz
 
Cuando el filósofo Massimo Cacciari aceptó la alcaldía de Venecia, el consejo que pidió transmitir a todos los turistas que visitaran la ciudad fue que se olvidaran de Thomas Mann y descubrieran la alegría y belleza de una ciudad con ganas de vivir y sana. Fue una batalla perdida y no tanto por la novela de Mann como por la versión que hizo de ella el cineasta Luchino Visconti, parte de la memoria colectica. Hay diferencias entre el libro y la película, que Benjamin Britten decidió no ver para evitar influencias en la composición de una obra con muchos rasgos de autobiografía. Trabajó tres años en la que sería su última partitura y de forma obsesiva, postergando una y otra vez una operación de corazón para darse tiempo a terminarla. Pero no logró disociar Venecia de las piezas de Gustav Mahler elegidas como banda sonora por Visconti en honor al personaje que escondió Mann tras la figura del poeta Gustav con Aschenbach. Si logró liberar sus demonios, pues la ópera ahora estrenada por la Deutsche Oper fue un tributo público a su compañero, el tenor Peter Pears, con quien Britten convivió casi 40 años.
El regista Graham Vick evitó perderse en los recovecos de la obra o mediar entre Apolo y Dionisio. Interpretó el libreto como un caminar hacia el crepúsculo, una despedida de la juventud, de la capacidad de creación, de la fantasía a borbotones, de la belleza. Gustav von Aschenbach muere y con él, Tadzio, un figurante que simboliza su alter ego niño. No hubo erotismo pero sí empeño por mantener la atracción escénica y en una instrumentalización que pierde profundidad a medida que gana en atonalidad y va dejando al descubierto lo clásica que resulta finalmente una partitura firmada en los años setenta. Ecos de música de cámara en un teatro desproporcionadamente grande para la obra y acompañamiento del lenguaje de Aschenbach a base de fortepianos como hacía Gluck y Mozart.
Los solitas salieron a escena con sus personajes a flor de piel, una metamorfosis que no pudo lograr Richard Croft, primera opción para el papel protagonista del director musical de la Deutsche Oper, Donald Runnicles. El cantante estadounidense no logró sumergirse en el mundo de Britten y en la figura del escritor, por lo que decidió tirar la toalla a tiempo para que el teatro encontrara con calma a la persona adecuada. Y esta resultó ser Paul Nilon, un tenor dispuesto a asumir riesgos y con un amplio repertorio con puntos fuertes en Händel y Mozart. Su actuación fue magnífica: dio credibilidad al personaje y la impresión de sentirse cómodo en todos los registros. Se agradeció un aporte extra de lirismo.
Destacada fue asimismo la actuación del estadounidense Seth Carico. Hasta siete papeles interpretó este bajo de 35 años en la puesta en escena de Vick: un turista, un anciano, un gondolero, un director de hotel, un peluquero, un peatón y la voz de Dionisio. Para Carico, miembro del ensemble de la Deutsche Oper desde 2004, el secreto está en encontrar los puentes que conecten los monólogos interiores de los distintos personajes. El saltó de uno a otros sin miedo al vacío. * Cocó RODEMANN

 

 
 
 
 
 
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