París
Opéra National de Paris
Luca Francesconi TROMPE-LA-MORT
Estreno Absoluto
Laurent Naouri, Julie Fuchs, Cyrille Dubois, Marc Labonnette, Ildikó Komlósi, Philippe Talbot, Béatrice Uria-Monzón, Chiara Skerath, Christian Helmer, Laurent Alvaro, François Piolino,
Rodolphe Briand. Dirección: Susanna Mälkki. Dirección de escena: Guy Cassiers. 18 de marzo de 2017.
 
Guy Cassiers se encargó de la puesta en escena de la première de Trompe-la-mort en París © Opéra National de Paris / Kurt Van Der Elst
 
Trompe-la-Mort fue un encargo de la Opéra National de Paris a Luca Francesconi. El artista –compositor y autor del libreto– recuperó del olvido al polifacético Trompe-la-Mort –también llamado Collin, Herrera, Barker y Vautrin–, ente proteiforme, presente en varias novelas de La comédie humaine de Honoré de Balzac, y en particular en la que se titula Splendeurs et misères descourtisanes. Personaje rocambolesco, que mucho tuvo que ver con el de Faust de la obra homónima de Goethe y el de Jean Valjean de la novela Les miserables de Víctor Hugo, Trompe-la-Mort es un criminal notorio, condenado y fugado de la prisión, que, bajo la apariencia del español Carlos Herrera, salvó del suicidio a Lucien. Pagó las deudas del joven y le forzó a casarse con la Condesa de Sérisy para integrarlo en la sociedad. Lucien se enamoró luego de Esther, una prostituta. Al final, los amantes se suicidaron y Herrera, el diabólico asesino, fue nombrado jefe de la policía por reconocérsele cualidades –brutalidad, astucia, perseverancia, falsedad...– requeridas para este oficio: Balzac dixit.
Francesconi estructuró el libreto en cuatro niveles: el mundo aparente, las relaciones íntimas, un misterioso cortocircuito temporal y el subsuelo, materia incandescente, manantial de energía, combinando lo social con lo metafísico. Guy Cassiers organizó la escenografía y también la puesta en escena a partir de estos cuatro niveles, situando la acción en el Palais Garnier. La historia del malvado Trompe-la-Mort se conjugó, pues, con la fachada, el foyer, los sótanos y las maquinarias del Garnier: fue una visita guiada y gratuita del curioso edificio.
Susanna Mälkki dirigió la pletórica orquesta –que ocupó cuatro palcos de platea, además de abarrotar el foso– con los ojos clavados en la partitura durante las más de dos horas que duró la representación. Mantuvo el ritmo con precisión y dio entrada a instrumentos y cantantes, aunque no pudo con todos, en momentos clave. La ayudó en ello la música de Francesconi, variada y rica en formas de base, en ostinati, agradable al oído, descriptiva, pero también con escasas melodías: vale decir fría, cerebral y poco emotiva, casi mecánica.
Laurent Naouri (Trompe-la-Mort) reveló sus múltiples cualidades de cantante y de actor. Muy presente en el escenario, moduló su voz con cautela, sin buscar aplausos, buscando en cambio la verdad de su complejo personaje. No hubo dudas ni fallos en su trabajo. Convenció y así lo reconoció el público al final de la velada. A su lado triunfaron sin discusión, casi por los mismos motivos, cada uno en su registro, Julie Fuchs (Esther, llamada la torpille) y Cyrille Dubois (Lucien de Rubempré) en papeles ciertamente menos comprometidos pero indispensables también para el buen entendimiento del caso. El resto del reparto cumplió con mayor o menor fortuna. * Jaume ESTAPÀ

 

 
 
 
 
 
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