Roma
Teatro dell’Opera
Verdi IL TROVATORE
Tatiana Serjan, Ekaterina Semenchuk, Reut Ventorero, Stefano Secco, Simone Piazzola, Carlo Cigni, Alssandro Mariani. Dirección: Jader Bignamini. Dirección de escena: Àlex Ollé. 2 de marzo de 2017.
 
 
Stefano Secco y Tatiana Serjan protagonizaron Il Trovatore de Roma en la nueva producción de Àlex Ollé © Teatro dell’Opera / Yasuko Kageyama
 
 
Afirma un viejo tópico que para representar Il Trovatore hacen falta los cuatro mejores cantantes del mundo. No ocurrió así en esta ocasión, pero en cualquier caso la historia de Manrico fue narrada de forma convincente y fascinó al público que llenaba el teatro como acaba siempre ocurriendo. Àlex Ollé, renunciando por esta vez a la compleja maquinaria escénica típica de La Fura dels Baus, eliminó todo elementos innecesario y concentró la atención en lo fundamental, lo que funciona muy bien en una obra como esta, que se articula en unas pocas escenas en las que se acumulan las grandes pasiones. El tono del montaje ya lo dio el primer cuadro. El telón se alzó para revelar un escenario vacío, delimitado por bruñidos espejos que reflejaban y multiplicaban los batallones de soldados de la Primera Guerra Mundial, alienígenas más que hombres con sus máscaras antigás. Es la guerra, una insensata locura que lleva a los personajes de la ópera a actuar como personas obsesionadas por el odio, que transforma el amor en violencia. El escenario seguirá siendo un espacio vacío con la única excepción de unos pequeños monolitos que surgen del suelo, y ello le bastó a Ollé para sugerir situaciones y atmósferas. Todo se desarrolló bajo el signo del odio y la violencia hasta el momento final, en el que Manrico murió en escena a manos del conde en lugar de ser conducido al suplicio. Colaboraron escénicamente con Ollé Alfons Flores en la escenografía y Lluc Castells en el vestuario.
 
Tras haber renunciado Fabio Sartori y Marcelo Álvarez, correspondió a Stefano Secco interpretar el papel de Manrico. Tiene estilo y técnica y se hizo apreciar en las páginas más líricas, pero flojeó en los momentos más dramáticos y en la Pira sus agudos fueron inconsistentes. También la Leonora de Tatiana Serjan alternó lo bueno con lo menos bueno: las extáticas melodías de sus dos arias presentaron desigualdades en el registro y problemas de fiato, pero en cambio estuvo expresiva y dramática en las escenas con el Conde y Manrico, cuando no se le exigía una línea melódica amplia y homogénea.
 
Impecables, en cambio, los otros dos protagonistas. Simone Piazzola se confirmó como barítono de gran clase y demostró que el Conde, aunque malvado, no ha de ser cantado de modo brutal o forzado, debiendo respetar siempre el auténtico estilo verdiano. Extraordinaria por voz, estilo y temperamento la Azucena de Ekaterina Semenchuk, auténtica triunfadora de la velada.
La dirección del joven Jader Bignamini fue muy cuidadosa, pero solo episódicamente supo encontrar las tintas verdianas exactas, con tempi y dinámicas monótonos y carentes de las ardientes progresiones dramáticas que el Trovador exige. * Mauro MARIANI
 

 

 
 
 
 
 
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