Teatro de La Zarzuela
Manuel García LE CINESI
Marina Monzó, Cristina Toledo, Marifé Nogales, José Manuel Zapata. Piano: Rubén Fernández Aguirre. Dirección escénica: Bárbara Lluch. Fundación Juan March. 11 de enero de 2017.
 
Tres de las intérpretes de Le cinesi en el montaje de Bárbara Lluch / Fundación Juan March
 
 
Tres señoritas chinas se aburren encerradas en el salón de una mansión, sin saber en qué ocupar el tiempo, hasta que llega un muchacho –¡un hombre!– llamado Silango, que les canta las maravillas de Europa, o más exactamente de Francia, y aún más concretamente de París. Allí, al parecer, las mujeres mandan. El caso es que los cuatro personajes, en vez de iniciar lo que parece que era de esperar, que es una revolución cultural, se ponen a imaginar una función de teatro cantado. Después de algunas dudas, cada una de ellas acabará asumiendo la defensa de un género musical.
Lisinga, hermana de Silango como es fácil de entender, se hará cargo de la tragedia, con un aria en la que Andrómaca –Andrómaca a secas, sin sinisizar, por así decirlo– se enfrenta a los tremendos dilemas morales que le asaltan en el exilio. La soprano Marina Monzó se enfrentó con valentía a esta auténtica prueba de fuego, con un dominio absoluto de los saltos, los filados y toda clase de ornamentaciones vertiginosas; una técnica impecable y una voz de salud envidiable le permitieron salir más que airosa del reto, más complicado aún al estar acompañada únicamente del piano. Otra de las señoritas orientales, a cargo de la también soprano Cristina Toledo, defendió el género pastoril, con unas encantadoras melodías, más sencillas pero sumamente adornadas, que requieren una fina sensibilidad para la expresión de ese supremo artificio que es lo natural. Muy bien. Del género cómico se hizo cargo la mezzo Marifé Nogales, que supo poner en juego la amplitud de su registro, su perfecta afinación y el color de su instrumento para, junto con una buena dosis de vis cómica, hacer la parodia de Silango, el chino europeizado. Les dio la réplica José Manuel Zapata, que desplegó todo su savoir-faire –nunca mejor dicho– cómico y puso su experiencia de tenor rossiniano al servicio de esta pequeña y encantadora obra de Manuel García.
García la compuso en 1831 para una de las funciones que hacía con sus alumnos. Se nota, como en Un avvertimento ai gelosi, recientemente cantada en el Auditorio Nacional, el rastro de esta preocupación pedagógica. Aun así, García supo adaptar con gracia e ironía el clásico libreto de Mestastasio, muy utilizado en el siglo XVIII, en particular por Glück para una memorable función ante la emperatriz María Teresa, que en su juventud había cantado la misma obra en Viena en otra versión, aquella vez de Caldara. El libreto tuvo además una especial relevancia en España, un país especialmente musical, donde fue muy adaptado y difundido.
Como se ve, la ligereza del divertimento lleva incorporada una larga tradición que se percibe bien en la inteligente partitura de García. Acompañó y dirigió desde el piano el gran Rubén Fernández Aguirre, protagonista y promotor de estas recuperaciones y al que se le debe un profundo reconocimiento; como siempre, supo mantener el pulso con humor y precisión. La puesta en escena de Bárbara Lluch, vagamente chinesca, resultó eficaz y entretenida, salvando incluso algún tiempo muerto como el del arranque de la obra, un poco repetitivo. De lujo el programa, con información impagable sobre García y su obra. Tal vez haya un exceso de celo en querer dar al pasatiempo pedagógico un hondísimo, casi insondable contenido ideológico. Manías de la academia moderna. * José María MARCO
 
 
Share this:
 
 
 
 
 
Contáctanos
 
Dir:C/ Loreto 13-15, Esc. B. entlo 1ª, 08029,- BARCELONA
 
Tel: (+ 34) 93 319 13 00