Staatsoper Hamburg

Verdi Otello

Marco Berti, Cladio Sgura, Markus Nykänen, Svetlana Aksenova. Dirección: Paolo Carignani. Dirección de escena: Calixto Bieito. 8 de enero de 2016.

 

Calixto Bieito llevó su visión del Otello verdiano a Hamburgo © Hamburgische Staatsoper / Hans Jörg Michel

 

Con la pesada respiración de una masa de refugiados atados de manos tras una barrera de hilos espinosos, antes de que la orquesta desate la tempestad: de esta forma tan sugerente abre Calixto Bieito la producción de Otello de Verdi con la que ha debutado en Hamburgo, un montaje que ya había visto la luz en Basilea en 2014. La dialéctica entre desposeídos y dominadores es uno de los ejes de la propuesta del director burgalés, antes de centrarse en el hundimiento de uno de estos dominadores con traje y corbata, Otello, quien ya aparece en la primera escena con las manos manchadas de sangre. Aunque las formas se hayan moderado con los años, el fondo sigue manteniendo la misma radicalidad conceptual y la misma mirada intensamente crítica hacia nuestra sociedad que caracterizan los montajes de Bieito.

El tenebroso espacio escénico –Susanne Gschwender firma el decorado; Ingo Krügler, el vestuario, y Michael Bauer, la iluminación– está dominado por una enorme grúa sobre raíles, el improbable lugar donde Otello estrangula a Desdemona, antes de morir de un infarto en el extremo del brazo articulado. Bieito no ahorra en imágenes potentes –el ahorcamiento de un refugiado– ni en ideas sorprendentes –Otello intentando violar a Desdemona en el tercer acto, un peldaño más en su descenso a la impotencia–, pero algunos de los recursos pecan de previsibles y, sobre todo, la conexión entre el drama colectivo y la tragedia individual no se acaba de reflejar de forma convincente sobre el escenario.

Paolo Carignani compensó cierta falta de punch en algunos momentos –el gran concertante del tercer acto divagó en exceso– con una meticulosa atención a la miríada de detalles de la magistral partitura verdiana, consiguiendo una efusiva respuesta de la orquesta en pasajes como el dúo que cierra el primer acto. Notable también el coro, pese a que en ocasiones la colocación en el escenario limitara su proyección.

Llegado pocos días antes del estreno para sustituir a un enfermo Carlo Ventre, Marco Berti fue un Otello de intachable profesionalidad pero de carisma limitado, con un canto franco y seguro, a la vez que pobre en imaginación. Sin la plena dimensión demoníaca del papel, Claudio Sgura sí que fue un Jago insinuante y manipulador, mientras que Svetlana Aksenova como Desdemona se lució sobre todo en un emotivo cuarto acto, manteniendo en todo momento una completa entrega a las directrices de Bieito. Entre los secundarios destacó el luminoso Cassio de Markus Nykänen y la prometedora Emilia de Nadezhda Karyazina. * Xavier Cester

 

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