Teatro Real
Wagner EL HOLANDÉS ERRANTE
Samuel Youn, Ricarda Merbeth, Dimitry Ivashchenko, Benjamin Bruns, Roger Padullés, Pilar Vázquez. Dirección: Pablo Heras-Casado. Dirección de escena: Àlex Ollé. 2 de enero de 2016.
 
Dos detalles del montaje de El Holandés errante según La Fura dels Baus © Teatro Real / Javier del Real
 
Dos aspectos esenciales mejoraron en el segundo reparto del Holandés del Teatro Real: lo compacto del plantel de cantantes y el mayor equilibrio en la dirección musical de Pablo Heras-Casado. Samuel Youn cumplió sin ser un Holandés ideal, tal vez porque el papel requiere de una forma de articular y de una búsqueda de resonancias inconcretas que van más allá de la tesitura propia de la voz. El bajo-barítono coreano aportó presencia escénica, una voz bien timbrada e intención suficiente en el fraseo como para construir un fantasma del desengaño coherente y que cuadrara con el tipo de montaje de La Fura. En su monólogo inicial consiguió dibujar un paisaje sombrío y doliente que se antojaba necesario para no caer en incoherencias dramáticas posteriores, mientras que el dúo se resolvió con un lirismo sin artificios. En ocasiones le costó superar el muro orquestal que propuso Heras-Casado, pero siempre dentro de lo asumible.
 
Ricarda Merbeth es una soprano wagneriana al estilo clásico: proyección sobrada, afinación monolítica, vibrato natural y resistencia de garantías para un papel de este nivel de exigencia. Con esos mimbres se consiguió una Senta creíble dentro de lo alucinado de su personaje, rindiendo un peldaño por encima del resto del reparto. Sin la taimada avaricia y el oficio de Kwangchul Youn se presentó el Daland de Dimitry Ivashchenko, pero a cambio se disfrutó de una voz menos fatigada y con un registro medio-grave del que supo sacar muy buen partido a nivel dramático. El personaje así se convirtió en un padre más inconsciente de sus debilidades que ladino, lo que no le va mal al retrato general de la obra y a su actualización. Erik fue Benjamin Bruns, el timonel del primer reparto, y ganó con el cambio solventando con muchos menos apuros que Nikolai Schukoff su comprometido tercer acto. Es el suyo uno de esos papeles irresolubles por naturaleza, con necesidades expresivas de tenor dramático y realidades de lírico, que pocos más allá de Wolfgang Windgassen han conseguido solucionar. Pilar Vázquez y Roger Padullés cumplieron en sus breves intervenciones, cerrando un reparto bastante más redondo que el del estreno.
Por su parte, Heras-Casado demostró haber evolucionado en su discurso narrativo wagneriano, tendiendo menos al espectáculo y más al éxtasis calculado. Ya no hubo tanto desequilibrio entre el metal y la cuerda y el sonido se moderaba cuando los cantantes lo precisaban. El lirismo del dúo funcionó bien sin perder el componente rítmico que tanto avasalla en esta partitura. La Sinfónica de Madrid estuvo más precisa, lo que benefició a la concentración general de los cantantes y, en particular, del Coro, que rindió a buen nivel. En resumen, un Holandés en el que el componente musical fue el barlovento del componente visual, una vez asumida la gigantesca proa del escenario. * Mario MUÑOZ
 

 

Share this:
 
 
 
 
 
Contáctanos
 
Dir:C/ Loreto 13-15, Esc. B. entlo 1ª, 08029,- BARCELONA
 
Tel: (+ 34) 93 319 13 00