Amigos de la Ópera de A Coruña
Concierto Leo Nucci
Obras de Leoncavallo, Mascagni, Verdi, Bizet y Giordano.
Leo Nucci, Clara Planas, Eduvigis Monagas. O. Sinfónica de Galicia. Coro Gaos. Dirección: José Miguel Pérez-Sierra. Palacio de la Ópera, 9 de diciembre de 2016.
 
 
El veterano Leo Nucci guarda con cariño el recuerdo del verano de 1973, en el que debutó en A Coruña con una compañía itinerante que hacía tiempo hasta embarcar en el barco que les llevara a las temporadas sudamericanas. Fue su primera vez en España, y en aquella ocasión causó una grata impresión como Silvio (Pagliacci), Paolo Albani (Simon Boccanegra) y Sharpless (Madama Butterfly), según recogen las crónicas de la prensa local, recuperadas en el programa de mano de este recital con el que se ponía fin a la Programación Lírica de A Coruña de 2016. Este ha sido un año triste para los Amigos de la Ópera y la afición herculina por ser en el que decisiones políticas han sepultado la ansiada temporada lírica, que tantos años costó conseguir y que en apenas dos ediciones mandaron a la basura. A pesar de los recortes, los Amigos de la Ópera han vuelto a conseguir ese milagro que es programar con éxito y calidad. El secreto está en el compromiso de intérpretes como Nucci, que desde que tuvo conocimiento de la amenaza de cerrojazo en la temporada se ofreció a cantar de manera altruista. El cariño del barítono italiano por la ciudad es recíproco, y por eso en sus conciertos apenas hay butacas libres y el entusiasmo es colectivo. Nucci busca alimentar el idilio con los aficionados, y estos agradecen su entrega y generosidad.
 
Sean esos los dos sustantivos que resumen esta velada, durante la que además se le condecoró con la insignia de oro de Amigos de la Ópera, entregada por su presidenta, Natalia Lamas. Para engalanar esta última cita de la programación lírica, se contó con la Sinfónica de Galicia (OSG), al frente de la cual se situó José Miguel Pérez-Sierra. Su batuta fue bastante convencional, ruda por momentos. Exceso de sonido como norma habitual, falta de claridad en los metales, con las piezas de Nabucco rozando el modo charanga. A pesar de todo, esta OSG tiene una sección de cuerdas sensacional que lo enmascara casi todo. Y muy destacada también la flautista Claudia Walker en sus solos del “Eri tu” de Un ballo in maschera. El Coro Gaos, débil en las voces masculinas, sonó menos rotundo que en ocasiones anteriores, falto de hondura en una página inmortal como el “Va, pensiero”.
 
Entrega y generosidad, como se explicaba, la del viejo Leo. Suyos son un puñado de resabios y tics, para el disgusto del sector más purista de aficionados: notas arrastradas, otras portadas para facilitar las subidas al agudo, algunos sonidos nasales... Quede constancia de todo al mismo tiempo que se elogia la maestría de un intérprete con más de cuarenta años de experiencia en los principales teatros del mundo. Todos los defectos quedan en un segundo –o tercer plano– cuando Nucci tuerce el gesto y se convierte al instante en uno de los padres verdianos, ya sea el Germont en todo el dúo “Madamigella Valery” o los Nabucco y Rigoletto de los títulos homónimos. Su jorobado no por repetido medio millar de veces deja de ser emocionante y humano, en la rabia y patetismo del “Cortigiani” o la recuperada dignidad de la “Vendetta”, bisada como manda la tradición para goce del respetable. La gala la inauguró con el prólogo de Pagliacci, un guiño a aquella primera vez de 1973, y la cerró con dos propinas como la muerte de Rodrigo del Don Carlo verdiano y el “Nemico della patria”, con un “Eri tu” en el segundo acto igualmente emotivo. En el dominio de la palabra, del acento, apenas tiene rival. Y el timbre sigue sonando homogéneo en toda su extensión, fresco incluso. A la vista está que el público coruñés valora eso por encima de cualquier vicio de la edad.
 
A su lado, dos jóvenes sopranos procedentes del curso de perfeccionamiento vocal de Alberto Zedda –porque en A Coruña se recicla todo–, impartido hace unas semanas. Eduvigis Monagas mostró una organización vocal más bien desordenada, con una voz sonora pero tampoco especialmente grata. Cumplió en su dúo como Violetta y pasó desapercibida en “Dieu, quel frisson” de Roméo et Juliette. Por su parte, Clara Planas cantó con gusto “Chi il bel sogno di Doretta” y como Gilda dejó entrever ascensos al agudo algo abruptos. Incluso en eso, Nucci fue generoso y acogió a las principiantes. El público estaba allí para aclamarlo, no para entretenerse con el decorado.  * José Luis JIMÉNEZ
 

 

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