Teatro dell’Opera
Verdi RIGOLETTO
Lisette Oropesa, Erika Beretti, Reut Ventorero, Ivan Magrì, Luca Salsi, Dario Russo, Fabrizio Beggi. Dirección: Michele Gamba. Dirección de escena: Leo Muscato. 2 de diciembre de 2016.
 
Luca Salsi encarnó a Rigoletto en Roma © Teatro dell’Opera / Yasuko Kageyama
 
Para este Rigoletto se recuperó la escenografía creada en 2014 por Federica Parolini, cuyo único mérito es el de consistir solamente en algunos velos y poder ser desmontada rápidamente, lo que permitió que esta ópera se diera en días alternativos al mismo tiempo que Tristan und Isolde, y ello a pesar de que el escenario de la Ópera de Roma está preparado para albergar más de un espectáculo a la vez. Tampoco la dirección escénica de Leo Muscato aportó idea original alguna, aunque esto podría incluso considerarse una ventaja, habida cuenta de ciertas ideas expuestas por los registas contemporáneos...
 
El interés, por tanto, se centraba en la interpretación musical, que resultó, efectivamente, de un muy buen nivel. El joven director Michele Gamba –toda una celebridad desde que sustituyó en febrero de 2016 y sin aviso previo a Michele Mariotti en los Due Foscari de La Scala–, no cuenta aún con mucha experiencia pero es ya dueño de una gran seguridad y un dominio absoluto sobre la orquesta y la escena. Demostró por encima de todo una total afinidad con el mundo de Verdi, con un tempo, una paleta de colores y un fraseo adecuadísimos para una obra con el dramatismo de Rigoletto, evitando cualquier posible exceso de mal gusto.
 
En la misma línea se movió el protagonista, Luca Salsi, que eliminó pausas, calderones y los agudos no escritos por Verdi. Su voz, plena y bien timbrada, y el escultórico fraseo hacen de él un magnífico barítono verdiano para esta obra. Hubiera podido quizá ahondar un poco más en la psicología del personaje de la complejidad de Rigoletto, pero en conjunto la suya fue una prestación de gran nivel, muy aplaudida por el público. Muchos aplausos cosechó también Lisette Oropesa, que debutaba en Roma. Es la suya una voz un tanto frágil pero con un bonito timbre, cantó con una excelente técnica y su interpretación del personaje fue plenamente convincente en su transformación de la ingenua Gilda del “Caro nome” a la mujer decidida y apasionada del último acto. Ivan Magrì, que sustituía al previamente anunciado Piero Pretti, cantó con técnica y estilo, pero su timbre un tanto seco le impidió dar al Duque de Mantua la fascinación que debe tener. Muy bien el Sparafucile de Dario Russo y la Maddalena de la joven Erika Beretti, miembro del Young Artist Program del teatro. Entre los numerosos personajes de menor responsabilidad, todos bien entonados, merecen una mención particular el Monterone de Fabrizio Beggi y la Giovanna de Reut Ventirero. * Mauro MARIANI
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