Theater Basel
Verdi LA FORZA DEL DESTINO
Pavel Kudinov, Elena Stikhina, Vladislav Sulimsky, Aquiles Machado, Evgeny Stavinsky, Andrew Murphy, Anaïk Morel, Karl-Heinz Brandt, Vivian Zatta, Vahan Markaryan, Maren Favela. Dirección: Ainars Rubikis. Dirección de escena: Sebastian Baumgarten. 29 de noviembre de 2016.
 
Sebastian Baumgarten trasladó la acción de La forza del destino a unos EE. UU. presididos por Donald Trump © Theater Basel / Sandra Then
 
Ríos de tinta han corrido sobre la inverosimilitud del libreto de La forza del destino de Francesco Maria Piave basado en Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas, que después adaptaría Antonio Ghislanzoni para el estreno milanés de 1869, la versión más representada. Precisamente para la propuesta estrenada en La Scala, Verdi quiso, además de añadir la célebre obertura, rebajar la carga de violencia y muertes.
El regista alemán Sebastian Baumgarten recuperó parte de esa violencia en su concepto teatral y para la nueva producción del Theater Basel propuso situar la acción en los Estados Unidos de Donald Trump, en el que se levantan muros de la vergüenza y de la exaltación xenófoba. Baumgarten, en su primera dirección verdiana, reflexiona sobre las consecuencias de promover estas políticas insensibles que conducirán al inevitable drama personal de los protagonistas de la obra, pero al que es llevado el conjunto de la sociedad: ilegales, refugiados, enfermos, pobreza y desigualdades. En este contexto Calatrava es un magnate de las armas e influyente político que no admite la relación de su hija con el inmigrante peruano Álvaro. De hecho, la de Baumgarten, a pesar de la transposición temporal y geográfica de la obra y de alguna licencia que otorga credibilidad a la puesta en escena, es una propuesta teatral que sigue bastante la esencia dramática de la historia. Eso sí, mucha sangre, la de los protagonistas y la derramada por la situación socio-política.
El joven director letón Ainars Rubikis dirigió una vibrante y tensa versión, a veces quizás demasiado, con algunos tempi algo acelerados. Sin embargo, estuvo pendiente de sacar a flote los colores y contrastes de la partitura verdiana, en la que sobresalieron las maderas y las cuerdas. El coro, sobre todo el de hombres, funcionó muy bien.
De los protagonistas, el barítono ruso Vladislav Sulimsky se llevó el gato al agua, cantando con entrega y carga dramática. Supo imprimir ese odio que empuja a su personaje a desencadenar el fatídico y anhelado desenlace. Su estilo es elegante y posee un color de belleza verdiana y una línea y fraseos depurados. Estuvo magnífico en "Urna fatale del mio destino" y enérgicamente vengativo en "Egli è salvo", quizás el mejor momento de la noche. Por su parte, la joven Elena Stikhina posee un magnífico instrumento de soprano lírica con algún indicio de spinto. Tuvo algún pequeño problema de afinación y su fraseo no siempre fue cuidado, cortando alguna frase donde no debía, pero su Leonora es muy interesante y, depurando algún desajuste, es una cantante que por hermosa voz –de gran calidad y musicalidad– puede tener un lugar como codiciada soprano verdiana. Estuvo especialmente conmovedora y segura en el dúo "Or siam soli", junto al poco profundo aunque eficiente bajo Evgeny Stavinsky, culminando con una "Vergine degli angeli" conmovedora.
Por otros lares corrió el Don Alvaro de Aquiles Machado; el tenor venezolano ha hecho hasta ahora una carrera sólida, aunque con algunos altibajos. Dotado de una voz de tenor lírico, quizás es meterse en terreno pantanoso ahondar en personajes verdianos que requieren de mayor peso y registro medio-grave vigoroso. Así pues, tuvo grandes aciertos, como el recitativo "La vita è inferno all'infelice" o el dúo "Solenne in quest'ora", y también evidentes dificultades en sus momentos más dramáticos y heroicos, como en el aria "O tu che in seno agli angeli" o al final del dúo del cuarto acto. * Albert GARRIGA
 
 

 

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