CRÍTICAS

Teatro Municipale
Catalani LA WALLY
Saioa Hernández, Giovanni Battista Parodi, Carlotta Vichi, Serena Gamberoni, Zoran Todorovich, Claudio Sgura, Mattia Denti. Dirección: Francesco Ivan Ciampa. Dirección de escena: Nicola Berloffa. 19 de febrero de 2017
 
Saioa Hernández protagonizó La Wally en Piacenza © Teatro Municipale
 
Tras veinte años de ausencia de los escenarios italianos volvió La Wally, la obra maestra y última de la producción de Alfredo Catalani que tanto gustaba a Arturo Toscanini, por mérito del valor y la iniciativa del teatro que dirige Angela Longeri y de la dirección artística de Cristina Ferrari. Si alguien piensa aún que todo en esta obra se reduce a la celebérrima aria “Ebben? Ne andrò lontana”, caballo de batalla de todo soprano que se respete desde la Callas a la Olivero y sin olvidar a la Tebaldi, quedará sorprendido ante la riqueza y la belleza de la partitura, en la que hay ocasión de lucimiento para todos. Para el tenor, en primer lugar, a quien se pide un timbre heroico y wagneriano; para el barítono, una parte dramática pero rica en pasajes líricos; para la soprano de coloratura en travesti que es el pequeño Walter y que tiene un sugestivo y premonitorio jodler, o para la mezzosoprano, para la que en un comprometido concertante se le pide el estilo francés de una Carmen, por no hablar de los dos bajos, papeles que no son en absoluto marginales. No menor es el compromiso para el director de orquesta, pues se trata de una partitura nada sencilla, llena de matices y en la que pueden detectarse anticipaciones del Wagner del Holandés y también –sí, también– por el Rota de Napoli milionaria, con un coro y una orquesta exigidos al máximo.
El conjunto instrumental era la estupenda Orchestra Regionale dell’Emilia Romagna, convocada para una ocasión en que se exigen intervenciones solistas de importancia al arpa y a la percusión, y que sabe responder al reto con un sonido compacto, homogéneo y sin deficiencias, mérito también del joven pero ya acreditadísimo director Francesco Ivan Ciampa, una de las batutas más interesantes de la nueva generación italiana, tan fiel de la tradición como en la claridad del gesto, capaz de mantener constantemente la necesaria relación con la escena para lograr un perfecto equilibrio por encima del grosor orquestal procedente del foso, con un perfecto control de las dinámicas y respeto por las voces. Un punto de confianza también para el coro, preparado por Corrado Casati.
El reparto vocal pareció de buen nivel, con puntas de excelencia en la madrileña Saioa Hernández, soprano de una carrera hecha a base de perseverancia y que no solo posee la vocalidad spinta necesaria para afrontar un papel exigente como el de la protagonista, que exige recorrer toda la gama de sentimientos humanos y un nivel interpretativo que en su caso le proporcionó un triunfo personal merecidísimo. El rol de Hagenbach es particularmente ingrato por su tesitura y por carecer de pocos momentos de franca cantabilità, como ocurre en el baile cuando roba a la protagonista el fatídico beso o en el dramático cuarto acto. Zoran Todorovich mostró en todo momento seguridad vocal y escénica, mostrándose a la altura de antecesores en el papel como Mario del Monaco o Amedeo Zambon, que en su época se ganaban el aplauso a scena aperta. Una vocalidad la suya viril, robusta y también en su caso apasionada.
El papel de Vincenzo Gellner, confiado al barítono, exige un tono incisivo y capaz de reflejar el afecto, el sufrimiento y la determinación del personaje. Claudio Sgura mostró una vocalidad segura, musicalidad y riqueza en los armónicos en un rol que vio triunfar a un joven Silvano Carroli. En el personaje de Stromminger, el padre de Wally, que expulsa de su casa a la propia hija que no quiere someterse al matrimonio preparado por él con Gellner, Giovanni Battista Parodi mostró la autoridad y el aplomo requeridos, con una presencia vocal de mucho respeto.
Buen rendimiento asimismo el del bajo de Piacenza Mattia Denti en la parte del achispado Viandante de Schnals que comenta la acción. En el papel de Afra, la bella posadera tirolesa, se hizo apreciar la exquisita y joven mezzosoprano Carlotta Vichi. Mención especial, en fin, para el delicioso Walter interpretado con brío por Serena Gamberoni, tanto en el agudísimo jodler como en el resto de sus b revés intervenciones en el curso de la ópera.
El montaje escénico de Nicola Berloffa, con decorados de Fabio Cherstich y vestuario de Valeria Donata Bettella, adelanta en 50 años la acción respecto a la prevista en origen, que debería ser la del estreno en 1893. Ello no sería en sí un problema salvo por el detalle de que Wally llega a la posada de Afra con un lujoso atuendo burgués que recuerda a la Eva Braun hitleriana y no a la muchacha ansiosa de libertad y de luz del personaje original. Se pierde así gran parte del elemento naturalista e inconformista que hace de Wally un personaje actual y amante de la naturaleza y de las cumbres nevadas, que acabará traicionada por la avalancha que determinará la tragedia, efecto resuelto inteligentemente fuera de la escena mientras esta se vio invadida por una espesa acumulación de nubes que no pudo ser, por cierto, más wagneriana. * Andrea MERLI
 
 

 
 
 
 
 
 
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