Teatro dell’Opera
Verdi  RIGOLETTO
Lisette Oropesa, Ismael Jordi, Roberto Frontali, Riccardo Zanellato, Alisa Kolosova, Carlo Cigni, Alessio Verna, Saverio Fiore. Director: Daniele Gatti. Director de escena: Daniele Abbado. 15 de diciembre de 2018.
 
La dirección de Gatti recuperó con acierto la partitura original de Verdi de un montaje sin fuerza en el que destacaron las voces de Roberto Frontali como Rigoletto y Lisette Oropesa en la piel de la inocente Gilda. Como Duca impresionó el tenor español Ismael Jordi, quien compartió escenario con la Maddalena de Alisa Kolosova. // Teatro dell’Opera / Yasuko KAGEYAMA
 
Desde hace muchos años la Ópera de Roma inicia sus actividades en septiembre, pero según una antigua tradición el espectáculo inaugural sigue siendo la función de gala de principios de diciembre. También en 2018, y ya por tercera vez, la dirección de la ópera inaugural estuvo a cargo de Daniele Gatti, nombrado con esta ocasión director musical del teatro por un período de tres años, cargo que le llega poco después de su despido fulminante del Concergebouw de Ámsterdam por acusaciones de abuso. Inmediatamente después de la primera representación una indisposición le obligó a guardar algunos días de reposo, pero Gatti volvió al podio rápidamente para dirigir este Rigoletto que tuvo mucho de novedoso. El maestro, en efecto, no se limitó –como otros hicieron antes que él– a prescindir en la partitura verdiana de los agudos insertados por la tradición, sino que eliminó radicalmente todos los tonos estentóreos, retóricos y veristas habituales, permitiendo escuchar un Rigoletto que se acercó mucho a las intenciones originales de su compositor.
Su interpretación puso en evidencia el hecho de que la ópera se desarrolla casi enteramente en espacios nocturnos y que los personajes actúan a menudo de manera subrepticia, tratando de esconder sus pensamientos reales, expresándose raramente en voz alta. El Duque es el único que puede permitirse habar libremente, mientras Monterone es condenado a no poder expresar todo lo que piensa. En consecuencia, el director milanés infunde a la orquesta sonoridades oscuras y volúmenes moderados. En abierto contraste, los momentos más dramáticos asumen toda su fuerza sin necesidad de subrayados excesivos y vulgares.
Se movía perfectamente en esta línea la interpretación del protagonista Roberto Frontali, que afronta ahora un período en su carrera en el que la madurez del artista compensa sobradamente la pérdida de frescor en la voz. El barítono resultó conmovedor sobre todo al expresar el dolor y la humillación del padre, al tiempo que fue capaz de dar los acentos justos a sus emociones. Lisette Oropesa tiene la voz y la técnica perfectas para hacer de Gilda y encarnara esa adolescente enamorada, soñadora y vulnerable; la intérprete supo evitar al mismo tiempo las ñoñerías que a menudo se oyen en el “Caro nome”. El tenor español Ismael Jordi no empezó muy bien con su “Questa o quella”, pero se rehízo completamente con una espléndida versión de “Ella mi fu rapita”, para acabar firmando un espléndido tercer acto. Riccardo Zanellato prestó a Sparafucile su voz oscura e inquietante mientras que la Maddalena de Alisa Kolosova apenas pasó de correcta. Monterone, Marullo y Borsa brillaron en las voces de Carlo Cigni, Alessio Verna y Saverio Fiore respectivamente.
Daniele Abbado ambientó la ópera no ya en una gran corte del Renacimiento sino en un pueblo provinciano de la Italia del período fascista, subrayando así la prepotencia del poder y su actitud machista que considera a la mujer solo un objeto de placer para los hombres. Por lo demás, su dirección escénica resultó pálida y desprovista de interés  * Mauro MARIANI