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Borja Quiza: en el Real, La zarzuela y el Liceu

The Royal Opera - Covent Garden
Verdi  SIMON BOCCANEGRA
Mark Rucker, Simon Shibambu, Carlos Álvarez, Ferruccio Furlanetto, Hrachuhi Bassenz, Francesco Meli. Dirección: Henrik Nánási. Dirección de escena:  Elijah Moshinsky. 5 de diciembre de 2018.
 
Carlos Álvarez triunfó en Londres como Boccanegra © ROH / Clive Barda 
 
Los plumeros trabajaron duro para quitarle el polvo a esta bella y tradicional producción que data de 1991 y que ha sido repuesta en varias ocasiones, incluso con el debut de Plácido Domingo como barítono en Londres. Este es un montaje tradicional que cae bien en esta ciudad, poco acostumbrada a las locuras de ciertos directores de escena de origen alemán. Los diseños de Michael Yeargan ubican la acción en ambientes amplios, destacando el segundo acto por la perspectiva de una larga columnata y también el acto de la reunión del Consejo. Pero el éxito de esta reposición se debió exclusivamente a los cantantes, comenzando por el barítono español Carlos Álvarez, quien presentó un Simon joven y vital; su canto fue no solo bello, sino que poseía frescura, sin nada de artificial en su fraseo ni en su actuación, que convenció plenamente. Su escena final no resultó estirada, sino que tuvo la dosis perfecta de emoción. A su lado se presentó un Fiesco noble e implacable, un patricio de ley como solo Ferruccio Furlanetto sabe crear. La voz de este bajo inconfundible cortaba a través del drama sin piedad, su “Il lacerato spirito” descubrió heridas muy profundas y su proclama en la escena final contuvo humanidad a carretadas. Estos dos excelentes cantantes dieron lecciones de fraseo.
Por otra parte, y aunque eficaz, la voz de Francesco Meli resultó curiosa. Su Gabriele Adorno lució bien, pero no es un buen actor y su postura tendió al estatismo. La voz corrió por todo el teatro sin problemas, pero también sin mucha variación dinámica. De vez en cuando se daba un piano bien controlado, pero la tendencia era hacia el forte. Hrachuhi Bassenz (Amelia) destacó por su cálida presencia escénica. Su canto, aunque seguro, mostró una voz todavía en desarrollo, un poco monótona y con limitado fraseo. Sus mejores momentos fueron los dúos con su padre, Boccanegra. Mark Rucker debutó como el ambicioso Paolo, un hombre carcomido por sus deseos de poder y su infatuación con Amelia, mostrando una voz expresiva y con atractivo squillo. Simon Shibambu cantó un Pietro conspirador con voz hermosa.
El coro de la casa destacó con un buen sonido de ensemble y por una vez el sonido duro correspondió adecuadamente a la acción. Henrik Nánási dirigió la segunda versión de 1881, ofreciendo una lectura refinada, distinguida, llena de misterio y de calidez, dejando que la partitura llegara a lo más profundo del espectador, algo que no siempre sucede como en esta ocasión.  * Eduardo BENARROCH