CNDM
Recital Ainhoa ARTETA
Obras de Franz Liszt, Lorenzo Palomo, Jaime León, Jayme Ovalle, Osvaldo Lacerda, Enrique Granados y Fernando Obradors. Roger Vignoles, piano. Teatro de La Zarzuela, 10 de diciembre de 2018.
 
Ainhoa Arteta abrió este recital del Ciclo de Lied del CNDM en el Teatro de La Zarzuela con una obra particularmente arriesgada, como son las tres canciones sobre otros tantos sonetos de Petrarca compuestos por Liszt. Hay muchas formas de enfrentarse a esta pequeña dramaturgia y la soprano vasca escogió la que mejor va con su temperamento: una más extrovertida, dramática y teatral, ahondando en los contrastes y pasando con soltura del volumen alto, con algún pequeño problema de regularidad en la emisión, a muy finos filados bien mantenidos. Llegó luego uno de los platos fuertes de la velada, que era el estreno absoluto de un pequeño conjunto de canciones de Lorenzo Palomo, un compositor español reconocido internacionalmente aunque aquí no goce dela fama que merece. Sendero mágico está compuesto de cuatro piezas en otros tantos idiomas y cada uno refleja un temperamento, o una atmósfera específica: desde la sensualidad francesa (sobre un poema de Chénier) a la hondura lírica alemana (Brentano) –con hermosos efectos al piano–, la brillantez lírica italiana y el encanto popular de un poema del poeta Carlos Murciano. Arteta lució en estas piezas su variedad de registros, con gran finura expresiva y un instrumento ajustado y trabajado con el arte de un orfebre, con colores y detalles especiales para cada canción, homenaje explícito al formato de ciclo, consustancial con el género de la canción. El maestro, presente en el concierto, recibió un merecido aplauso del público.
La segunda parte se inició con dos encantadores guiños brasileños, luego de una bonita canción de Jaime León, para adentrarse en terrenos más procelosos con la muy lírica y evanescente La maja y el ruiseñor de Granados, que volvió a requerir de la intérprete toda su capacidad de concentración, medias voces y modulación vocal: muy hermosa interpretación, a la que contribuyó decisivamente el piano soñador y delicado de Roger Vignoles. Por contraste, las Tonadillas al estilo antiguo volvieron a requerir a la Arteta más desenfadada y teatral, que no duda en teatralizar e incluso esbozar algún paso de baile manteniendo, eso sí, la elegancia de la línea de canto. Cerraron el programa cuatro de las Canciones clásicas españoles de Obradors, maravillosas miniaturas que Arteta coloreó con gran acierto y en las que sacó a relucir acentos muy propiamente españoles.
Vignoles acompañó como es debido, pero también matizó, completó y proporcionó al recital la atmósfera humana y sutil, entre la introspección y el teatro, que lo caracterizaba. Ante el éxito, los dos artistas ofrecieron una sentimental recreación del “Morgen” de Strauss y una viva y chispeante versión de la “Canción de Paloma” de El barberillo de Lavapiés* José María MARCO