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Borja Quiza: en el Real, La zarzuela y el Liceu

Teatro de La Zarzuela
Giménez MARÍA DEL PILAR
Carmen Solís, Iwona Sobotka, Marina Rodíguez-Cusí, Andeka Gorrotxategi, Rubén Amoretti, Damián del Castillo, David Sánchez, Jorge Rodríguez Norton, Mario Gas. Dirección: Oliver Díaz. V. de Concierto, 2 de diciembre de 2018. 
 
Continuando con la compleja labor de adaptación que el Teatro de La Zarzuela está acometiendo con algunas obras más o menos canónicas, llegó esta María del Pilar ahora rescatada. Se trata de una partitura exigente de todo punto de vista, muy interesante, y además planteada desde la exitosa óptica del narrador/personaje interpuesto. Hay en los pentagramas algunas marcas de la casa de la voz creadora de Gerónimo Giménez, como ese desaforado color orquestal, lo cromático de algunos pasajes, la reelaboración de ritmos populares o el notable aliento lírico de las romanzas. En lo vocal la dificultad era máxima, con cantantes obligados a registros muy incómodos y saltos menos habituales. Tampoco era mucho más sencilla a nivel instrumental.
Con la idea de no penalizar la obra por su versión sin juego escénico, la trama fue adaptada con sobresaliente gusto por María Velasco, quitando diálogo para dar voz a un Almendrita ya maduro que rememora aquellos días tan tormentosos como cualquier pasado. La idea no es novedosa, pero el texto –poético, divertido, repleto de sabiduría antigua de aldea– en boca de Mario Gas elevó el nivel del espectáculo muchos enteros. Solo un pero: ante un verso de esta entidad, el salto entre este y el libro original se acentúa, y las debilidades literarias del libreto –ya de por sí muy acusadas– quedan al descubierto.
El reparto lo encabezaba, por un lado, Andeka Gorrotxategi (Rafael), que tuvo que hacer frente a un complejo primer acto para su tesitura, e infernales segundo y tercero con continuos devaneos con la zona de pasaje. Los apuros puntuales en la franja aguda se debieron más a la escritura musical que a la falta de adecuación, ya que demostró su habitual timbre cuidado y buen fraseo aunque le faltara un punto de implicación en el papel y un uso más moderado de los portamenti. En el otro lado andaba la María del Pilar de Carmen Solís, matizada y resuelta en la defensa de su falso papel protagonista (no tiene romanza propia). Fue la única en superar con soltura el entramado orquestal –a costa de abrir un poco las notas extremas– y no dejarse enterrar por el aluvión sinfónico de Giménez. Por su parte, Rubén Amoretti como Valentín fue de menos a más, regalando con la oscuridad de su voz el mejor momento de toda la zarzuela con su romanza “¡Cual rayo que aniquila!”. Iwona Sobotka y Damián del Castillo resolvieron sus partes sin excesivos brillos, al igual que el resto del reparto. Se mostró algo más discreto en esta ocasión el coro, quizás por la disposición escénica y por algunos tropiezos rítmicos con la orquesta.
El trabajo de Óliver Díaz, sustituyendo al tristemente desaparecido Jesús López Cobos, fue de lo mejor que se le ha visto hasta ahora: rico en detalles, por la búsqueda de colores y por su expresión dinámica. Hasta ofreció un lanzamiento parabólico de batuta recogida por su pie. Un espectáculo redondo.  * Mario MUÑOZ