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Borja Quiza: en el Real, La zarzuela y el Liceu

Teatro de La Maestranza
Krenek EL DICTADOR / Ullmann EL EMPERADOR DE LA ATLÁNTIDA
Martin Gantner, Natalia Labourdette, Vicente Ombuena, Nicola Beller Carbone, David Lagares, Sava Vemic, José Luis Sola. Dirección: Pedro Halffter. Dirección de escena: Rafael R. Villalobos / Gustavo Tambascio. 4 de diciembre de 2018.
 
Pedro Halffter apostó por la contemporaneidad con el programa doble formado por El dictador y El emperador de la Atlántida © Teatro de La Maestranza / Guillermo Mendo
 
Son aventuras operísticas como esta las que justifican en grado sumo la necesidad de extender el proyecto que Pedro Halffter continúa teniendo para el Teatro de La Maestranza y que tiene visos de ser cercenado para pasar a un territorio igualmente desconocido y, probablemente, no mucho mas venturoso que el actual (mírese la deriva programativa de la Sinfónica de Sevilla tras la marcha del madrileño y se entenderá la cuestión).
La partitura de Der Diktator puede no estar entre lo más interesante de Krenek –del que urge conocer en España sus sinfonías y su imponente ópera Karl V–, pero no es en absoluto desdeñable. Se trata de música de una austeridad expresiva muy oportuna, que recuerda a Hindemith con menor grado aun de implicación emocional. Fue defendida de forma admirable por todos, desde luego por un Martin Gantner de voz autoritaria y fraseo incisivo, también con una presencia escénica abrumadora. La soprano Natalia Labourdette mostró un canto brillante, de gran proyección, y muy natural. Nicola Beller Carbone tuvo una actuación más mate, acaso de ribetes más populares, sin atisbo de afectación. Correcto siempre el tenor Vicente Ombuena.
Y... ¡Por fin, el teatro! Ha tenido que venir un joven dramaturgo sevillano –de carrera internacional y compromiso lírico en títulos que van de Purcell a Sciarrino– para que el público pueda sintonizar con lo que ve y se pueda sentir completamente interpelado por lo que pasa en escena. Rafael R. Villalobos pergeñó un escenario sencillo, vodevilesco, protagonizado por un dictador histriónico caracterizado como Donald Trump. La restallante iluminación, el atrezo años 80 y la excelente dirección de actores –con alguna licencia performativa– redondeó la función. Solo cabe desear que la presencia de este director de escena sea recurrente en el futuro del Maestranza.
En el foso, la Sinfónica, tras una lectura agria y radicalmente expresionista de Krenek, engarzó luego con un profundamente oscuro y desolador Adagio in memoriam Ana Frank de Pedro Halffter a partir de la Sonata Nº 7 de Ullmann. La imaginería más barroca y fantasiosa de Gustavo Tambascio para El emperador de la Atlántida supuso un fuerte contraste al que los espectadores tuvieron que acostumbrarse, aunque, a la postre, fuera este uno de los últimos y más notables trabajos del dramaturgo argentino. En lo vocal cabe insistir en lo apreciado anteriormente sobre Gantner, Ombuena, Labourdette y Beller Carbone, añadiendo ahora la voz bien matizada del bajo Sava Vemic, la contundencia de David Lagares y el siempre buen hacer de José Luis Sola.
Mucho se ha escrito a favor y en contra sobre la orquestación de Halffter de la obra de Ullmann. Lo cierto es que la versión supuestamente escolástica que fijó en disco Lothar Zagrosek dista mucho de hacer justicia a un título de azarosa y desdichada composición. Solo en el modo en el que ahora se presenta se alcanza a comprender la necesidad y la vigencia de una obra que, sencillamente por su emocionante cuarteto final, ya  justifica toda la audición. Pero además, la nueva armazón sinfónica no desdeña pasajes instrumentales que conectan con sus más mundanas y agrestes raíces. La Sinfónica brindó una recreación modernista, de mahlerianas proporciones y contrastes acusados.  * Ismael G. CABRAL