Gyorgy Kurtag. FIN DE PARTIE
Estreno absoluto
Leonardo Cortellazzi, Frode Olsen, Leigh Melrose, Hilary Summers. Dirección: Markus Stenz. Dirección de escena: Pierre Audi. 22 de noviembre de 2018.
 
El estreno absoluto de la ópera de Kurtag no obtuvo el éxito esperado por una escenografía monótona // Teatro alla Scala / Ruth WALZ
 
Fue esperado con expectación y por toda la prensa asistente el estreno absoluto de la ópera del compositor de 92 años Gyorgy Kurtag, quien afirma haber empleado en el proyecto diez años de meditado y sufrido trabajo, Fin de partie, obra en un acto inspirada en la pieza teatral homónima de Samuel Beckett. Hubo ya quien auguró que esta ópera representaría un hito en la historia, ya con cinco siglos a la espalda del melodrama. Después de oída, pueden suscitarse algunas dudas. No se puede negar al autor una cierta originalidad, pero ni la pièce pudo imponerse por su interés puramente teatral ni tampoco lo hicieron la música o el canto, en un monótono Sprechgesang que tenía más de sprech que de gesang confiado al barítono protagonista, un hombre llamado Hamm condenado a la silla de ruedas, con intervenciones ocasionales de otras tres voces, la madre, Nell, y el padre, Nagg, que viven en sendos cubos de basura, y el cuidador, Clov, que acaba abandonando a su protegido. La tentación de marcharse antes de que terminara esta ópera de dos horas y diez minutos, como hicieron muchos de los abonados al turno aprovechando el breve descanso para cambiar el escenario (una casita gris siempre sobre un fondo del mismo color) fue fuerte, máxime cuando las localidades no ocupadas en platea y palcos resultaban imposibles de contar. Sin entrar en análisis exquisitamente musicales, sí cabe decir que este es un producto poco apto para el público que frecuenta habitualmente los teatros de ópera, y mucho menos en el caso de La Scala.
Debe, sin embargo, destacarse el empeño de todos, empezando por una orquesta que demostró estar a la altura de la situación, desde los estallidos más violentos a la transparencia de los sonidos apenas audibles. Extraordinaria la dirección de Markus Stenz, muy atento a las entradas de los cuatro solistas, desde el único italiano presente, Leonardo Cortellazzi en el papel del grotesco Negg al barítono Frode Olsen, sencillamente heroico en un rol que le obligó a estar constantemente en escena e inmovilizado, sin poder caminar, pero, por el contrario, agitadísimo en el canto. El espectáculo en su buscada atmósfera gris, resultó adecuado –se trata de una coproducción por la Öpera Nacional Holandesa de Amsterdam–, firmando la regia Pierre Audi, con escenografía y vestuario de Christof Hetzer, luces de Urs Schonebaum y dramaturgia de Klaus Bertisch.  * Andrea MERLI