Opéra Comique
Stockhausen DONNERSTAG AUS LICHT
Damien Bigourdan, Safir Behould, Léa Trommenschlager, Elisa Chauvin, Damien Pass, Antoine Amariutei. Dirección: Maxime Pascal. Dirección de escena: Benjamin Lazar. 19 de noviembre de 2018.
 
Benjamin Lazar montó Donnerstag aus Licht en París © Opéra Comique / Meng Phu
 
Karlheinz Stockhausen tardó 25 años en componer el ciclo Licht (Luz) allá por los años 70. Consta la obra de siete piezas, una para cada día de la semana. “Donnerstag aus Licht” (Jueves de luz) corresponde al día central del septenario, y es un relato completo que puede representarse independientemente de los otros seis. En él, idealizó el autor fases de su propia vida a través de tres personajes principales que animaron la acción: Luzifer, Mondeva (Eva) y Michael (arcángel). Se compone la obra de tres actos: “La infancia de Michael”, “El viaje de Michael alrededor de la Tierra” y “Retorno al país”. Tras la victoria de Michael sobre Luzifer, la obra acaba con el triunfo de la luz sobre la oscuridad. En total, tres horas y diez minutos de música desgarrada, pero no desagradable, intensa, con largos periodos en forte o en fortissimo.
Además de plasmar por escrito los temas musicales y los textos dialogados, el autor precisó desplazamientos y gestos de los instrumentistas –toda la orquesta se encontraba en el escenario– y de los cantantes, amén de elementos de la escenografía y aun del vestuario. Cada personaje principal se presentó de forma triple: un cantante, un bailarín y un instrumentista. Ellos debían visualizar la música en el escenario. Véase en el programa de mano y en hiperbólico botón de muestra, el texto del inicio del tercer acto: “Michael se presenta bajo su triple forma. El tenor canta la fórmula de Michael a lo largo de la duración de la Visión. La trompeta empieza por la fórmula de Luzifer, la transpone cíclicamente a cada nuevo sonido del tenor (15 veces) y añade en cada ocasión una nota de la fórmula de Michael hasta completarla. El bailarín conecta los dos músicos ilustrando con sus gestos las palabras y las notas; la trompeta con la mano derecha y el tenor con la izquierda”.
Vayan por delante cuántos hurras y vivas se pueda dedicar a los artistas que intervinieron en esta inhabitual producción. La puesta en escena de Benjamin Lazar cuidó el detalle sin olvidar lo esencial de la obra. Desde el podio Maxime Pascal estuvo atento a las mil y una facetas de la partitura. Los tenores Damien Bigourdan (primer acto) y Safir Behould (tercer acto) interpretaron con fuerza y precisión, sin fallos ni dudas, con lirismo también, el personaje Michael. Lo mismo se dirá de las interpretaciones de Eva por Léa Trommenschlager (primer acto) y Elisa Chauvin (tercer acto). El bajo Damien Pass campeó un Luzifer feroz y temible, de gran envergadura. También los bailarines y los instrumentistas que acompañaban a los protagonistas se lucieron en cada ocasión, y muy en particular felicítese a Henri Deléger, el trompeta que representaba a Michael con acentos jazzísticos.
Tras el primer acto, de gran sobriedad, el escenario se llenó de músicos y de instrumentos de toda suerte en el segundo, y se desplegaron en cuatro niveles por el escenario y la sala. Acompañaron al público, supuestamente con Michael, alrededor del mundo: de Stuttgart a Jerusalén, pasando por Nueva York, Japón, India, Bali y por otros lugares del planeta, sin que por ello la música adoptase tonalidades que recordasen el lugar de cada etapa.
Sálvense de la quema los veinte primeros minutos del tercer acto. Los coros, en el escenario, pero también dispersos por la sala, dieron momentos de grandiosa exaltación mística. Desaparecieron luego, así como la orquesta en pleno acto, para dar lugar al combate final entre Luzifer y Michael. Tras ello, se inició el interminable finale con la compilación y recordatorio de los capítulos anteriores todos. Sin duda “la educación del pueblo” obligaba a ello.
Fue esta una experiencia bienvenida –hay que hacerlas, bravo por la iniciativa–, algo pesada por su duración, sobredimensionada de medios, con un mensaje lleno de referencias bíblicas, ingenuas y apocalípticas, cada vez más ignoradas por el mundo occidental. Es cierto que la experiencia fue más refrescante que la de presenciar por enésima vez Tosca o Lohengrin. También lo es que nunca se verá Donnerstag aus Licht por vez enésima: Tosca y Lohengin, sí.  * Jaume ESTAPÀ