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Borja Quiza: en el Real, La zarzuela y el Liceu

English National Opera
Gershwin PORGY & BESS
Nadine Benjamin, Nicole Cabell, Latonia Moore, Tichina Vaughn, Donovan Singletary, Frederick Ballentine, Ronald Samm. Dirección: John Wilson. Dirección de escena: James Robinson. London Coliseum, 8 de noviembre de 2018.
 
Nicole Cabell y Nmon Ford, en Porgy and Bess © English National Opera / Tristram Kenton 
¿Ópera o musical? Porgy & Bess es una obra descomunal que requiere un sabor muy especial para llegar a transcender. No es cuestión de buscar cantantes negros para cantar los roles, o de hablar el particular dialecto, es cuestión de lograr un ritmo y de darle a las frases el swing característico y mantener todo a un nivel que no caiga en la caricatura. La nueva producción de Jerome Robbins es un relato poco dramático que tiende a la chatura; solo en momentos como en los grandes coros tiende a elevarse, pero los personajes no se entienden porque no están rellenos de esa clase tan especial que tienen los negros de los EE. UU. Como hay muchas clases de blancos, también las hay de negros, y el color de la piel sola no determina un caracter.
John Wilson es un director refinado que, aunque experto en musicals, no ofreció un marco flexible en el que los cantantes pudieran lograr esos efectos expresivos; el swing no tiene receta, es espontáneo y hay que saber despertar esa espontaneidad. Los decorados de Michael Yeargan no pasaron de la rutina, lo que extraña tratándose de una producción que viajará al Met neoyorquino. No es que fuera un mal espectáculo: la obra y los cantantes hicieron todo lo posible, pero ese algo más que esta obra requiere brilló por su ausencia.
La debutante Nadine Benjamin (Clara) cantó Summertime con voz lírica, serena y bella. Latonia Moore resultó una Serena explosiva, al igual que la Maria de Tichina Vaughn. En cuanto a los roles más dramáticos, Nicole Cabell fue una Bess frágil pero decidida, de voz cultivada; Eric Greene se impuso como un Porgy en muletas, inocente pero valiente, de voz adecuada, y Donovan Singletary destacó por una voz importante y excelente presencia escénica como Jake. El mejor momento de la noche recayó, no por primera vez, en la reveladora escena del picnic en la que Frederick Ballentine dio una muestra del nivel al que se podría haber llegado: su Sporting Life tuvo un swing controlado y los movimientos rítmicos constantes que dan tanta vida a esta obra tan cruel y optimista al mismo tiempo.  * Eduardo BENARROCH