Schubert (Hans Zender) WINTERREISE
Mauro Peter. Dirección: Emilio Pomàrico. Dirección de escena: Christian Spuck. 10 de noviembre de 2018
 
Un manto de cierta expectación cubría el nuevo concepto escénico y coreográfico que Christian Spuck quería presentar con el ballet y la ópera de Zúrich para el Winterreise de Schubert. El maravilloso ciclo de canciones románticas del compositor alemán es una joya y un bombón para el cantante, dotado de sutileza y musicalidad, que sepa decir el texto de Müller con elegante sobriedad. Winterreise es el amor no correspondido, el frío, la soledad, el paisaje invernal, la desolación: puro romanticismo. Es esa mezcla de melancolía y arrebato que Schubert imprimió a lo largo del ciclo la que conmociona al público, la que empatiza con la suerte del poeta. De algún modo, Spuck quiso trascender a ese schoppenhauriano hilo conductor para basar su propuesta en el sueño del poeta del paso del invierno y la llegada de la primavera, en el que poco tiene que ver la soledad y el desamor. A diferencia del Requiem verdiano de hace dos temporadas, esta vez Spuck quiso trabajar solamente con el cuerpo de baile; el tenor suizo Mauro Peter se situó en una plataforma en un lado del foso, salvo algún movimiento estático recorriendo el escenario.
 
 
 
Después de unos minutos de impacto por la fría simplicidad del escenario, el omnipresente blanco y negro y por unas primeras coreografías neoclásicas de cierta teatralidad, la desconexión entre el texto / música con la escena / coreografía fue muy patente. Spuck no aportó nada interesante a un ciclo que, desnudo, ya resulta de gran impacto.
 
 
Tampoco ayudó la orquestación de Hans Zender, estrenada hace ya algunas décadas y que desnaturaliza y distorsiona los acordes de Schubert sin que ello enriquezca su partitura, tan hermosamente romántica. ¿Para qué estorbar algo que de por sí es perfecto? Además, en algunos números en los que la composición carga la orquesta de densidad sonora y distorsión, Peter se vio obligado a forzar el registro con la consecuente desvirtuación de la musicalidad original. Con todas estas incoherencias, Peter, quien es un excelente cantante liederístico cuando se lo permiten, supo sacar a flote las delicadas frases y dejó patente el prestigio que tiene en este estilo. Sin duda, lo mejor de un espectáculo conjunto de apenas interés.  * Albert GARRIGA
 
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