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Borja Quiza: en el Real, La zarzuela y el Liceu

Bayerische Staatsoper
Verdi  OTELLO
Jonas Kaufmann, Gerald Finley, Evan LeRoy Johnson, Galeano Salas, Balint Szabo, Milan Siljanov, Markus Shuikonen, Anja Harteros, Rachael Wilson. Dirección: Kirill Petrenko. Dirección de escena: Amélie Niermeyer. 23 de noviembre de 2018.
 
Jonas Kaufmann (Otello) y Anja Harteros (Desdemona), en Múnich © Bayerische Staatsoper / Wilfried Hösl 
 
A lo largo de la historia de las representaciones del Otello verdiano no ha habido tenor que no haya sido discutido por su adecuación al rol. Hasta Plácido Domingo, uno de los intérpretes que más se ha puesto en la piel del moro de Venecia, fue en sus primeras apariciones discutido. Es un papel muy complejo que pide de un gran tenor dramático con cuerpo y gallardía, pero que también conmueva en los momentos más líricos. Jonas Kaufmann interpreta su Otello, que tanto gustará a los fans del divino tenor, con ese canto mórbido a la vez que oscurecido y, eso sí, una musicalidad superba. Como es de prever, el tenor no convence en los momentos de penetrante gallardía como el “Esultate”, o en el dúo con Iago “Sì, pel ciel marmoreo giuro”. Pero el intérprete bávaro seduce en los momentos de mayor intimidad e introspección, en los que juega sus mejores bazas, a pesar de ese sonido gutural que tanto le gusta usar. Con todo, se le echa en falta a su Otello la irradiación de italianità que el personaje pide.
 
La producción de Amélie Niermeyer le va como anillo al dedo a Kaufmann, ya que juega con el eje de la introspección de Otello, que recuerda los hechos a partir de lo que concibe como flashbacks, muy efectivos escénicamente. Otello parece ser un interno en una cámara de un frenopático donde van apareciendo los personajes que le atormentan. Todos ellos desaparecen inmediatamente cuando el protagonista decide terminar con su vida, después de no aguantar una vez tras otra sus recuerdos, sus errores.
 
Kirill Petrenko cosechó un éxito apabullante con cerradas y prolongadas ovaciones. Su Otello fue de espectacular sonoridad, y aportando intensidad casi wagneriana en los momentos más densos, pero atentísimo al detalle en los momentos más líricos, y supo mantener la tensión dramático-musical. A su lectura quizás le faltó algo más de Verdi y le sobró algo de decibelios.
Anja Harteros resultó pura dulzura como Desdemona con un fraseo elegantísimo, graves de carnosa belleza y agudos, aunque no siempre en pianissimi, pero bien colocados y nunca gritados. Escucharla fue una pura delicia en “Già nella notte”, en la que Kaufmann también estuvo especialmente inspirado, y maravilloso en el lamento “A terra! si... nel livido fango”, para culminar con una Canción del sauce y un Ave María realmente conmovedores. Sin duda, lo mejor de este Otello. Por su parte, Gerald Finley, gran liederista, hizo un Iago cargado de bilis en cuanto a interpretación teatral y que puso toda su entrega en escena, pero le faltó contundencia. Estuvo especialmente inspirado en “Credo in un Dio crudel”, pero sus graves carecen de cuerpo y los agudos, colocados detrás, no tienen la brillantez necesaria. Algo similar le pasaría en la escena con Otello del final del segundo acto. Gustó mucho el Cassio de Evan LeRoy Johnson, con una timbrada voz de tenor lírico, que estuvo a buen nivel en todo momento. Algo demasiado metálica resultó la Emilia de Rachel Wilson y también correcto el Rodrigo de Galeano Salas, a quien le obligaron a llevar una desconcertante camisa de flores como vestuario.  * Albert GARRIGA