Opéra Royal
Charpentier  ACTÉON / Rameau  PYGMALION
Colin Ainsworth, Mireille Asselin, Meghan Lindsay, Allyson McHardy, Jesse Blumberg, Christopher Enns, Anna Sharpe, Cynthia Smithers. Dirección: David Fallis. Dirección de escena: Marshall Pynkoski. 30 de noviembre de 2018.
 
El Opéra Atelier Toronto llevó a Versalles Actéon y Pygmalion © Opéra Royal / Bruce Zinger 
 
En apenas dos horas el Opéra Atelier Toronto subyugó, una vez más, al suntuoso Théâtre Royal de Versalles con su espectáculo. Poca acción y pocas voces hubo esta vez, en favor de la estética visual y dinámica, puesto que el ballet –una delicia– acaparó buena parte de la velada. Así lo pedían las dos obras presentadas, salidas ambas de las Metamorfosis de Ovidio.
En la primera, Actéon, príncipe de Tebas, descansando en el bosque durante una cacería, descubre a Diana bañándose en un arroyo, supuestamente desnuda. No le gusta a la diosa la indiscreción del príncipe y, sin más, le transforma en ciervo: es trágicamente devorado por sus propios perros. En la segunda, el escultor Pygmalion, enamorado de una de sus obras –la estatua de una mujer–, desprecia a su amante Céphise. Eros da luego vida a la estatua, que declara inmediatamente su amor por el escultor. El Amor protege esta relación y organiza festejos para celebrar la unión de los dos enamorados y desea también que el amor reine entre todos los espectadores presentes. 
La escenografía y el vestuario de Gerard Gauci –mezcla improbable de arte barroco y sencillez–, enmarcados en la soberbia sala del Théâtre Royal de Versalles, reforzaron las dos historias. Si los cantantes estuvieron obligados a respetar las convenciones dramáticas, estrictas, del género, no por ello contuvieron la fuerza de sus sentimientos obedeciendo a las directivas de Marshal Pynkoski con ganas de hacer bien. Se adivinó en ellos una educación muy completa en el arte barroco, pues se fundieron con los bailarines en uno u otro momento: Meghan Lindsay se mantuvo totalmente inmóvil en una postura estatuaria inconfortable durante unos diez minutos. 
Colin Ainsworth cantó con algunas dudas en Actéon, su primer personaje. Tras un final muy brillante y el consiguiente aplauso del público, brindó un Pygmalion seguro de sí, cruel para con su enamorada Céphise (Allyson McHardy, muy convincente) y enamorado de su propia obra, la estatua (Meghan Lindsay). Emitió siempre a plena voz con potencia contenida y bello timbre. En su segunda intervención fue generoso y expresivo, masculino, regular en toda la escala y siempre justo. Mireille Asselin interpretó a Diana en la primera parte y a Amor en la segunda con idéntico arte. Fue muy aplaudida.
David Fallis ilustró las dos obras al frente de la Tafelmusik Baroque Orchestra. Muy presente en la animación del foso –las maderas, en particular, fueron muy solicitadas y resolvieron sus intervenciones magistralmente–, se interesó igualmente por los cantantes en el escenario, dejándoles por momentos la iniciativa de silencios y calderones. Vayan también las albricias para el coro (Gaétran Jarry), situado en los palcos laterales de la sala, con lo cual Pynkoski facilitó su trabajo.
Como en años anteriores, Jeanette Lajeunesse Zingg compuso las coreografías de las dos óperas, simples solo en apariencia, que fueron precisa y preciosamente ejecutadas por los bailarines a los cuales ella se unió con placer visible durante la representación.  * Jaume ESTAPÀ