ABAO-OLBE
Beethoven FIDELIO
Elena Prankatova, Peter Wedd, Tijl Faveyts, Anett Fritsch, Mikeldi Atxalandabaso, Sebastian Holecek, Egil Silins, Manuel Gómez Ruiz, Felipe Bou. Dirección: Juanjo Mena. Dirección de escena: José Carlos Plaza. Palacio Euskalduna, 24 de noviembre de 2018.
 
ABAO recuperó el montaje de Fidelio de José Carlos Plaza para celebrar sus primeras mil funciones © ABAO-OLBE / E. Moreno Esquibel 
 
La Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera celebró sus 1.000 funciones con una producción de Fidelio de Beethoven del Teatro de La Maestranza de Sevilla firmada por José Carlos Plaza. En la propuesta escénica, la escenografía se reducía a mínimos decorados con la ciudad hispalense de fondo resaltada por una iluminación discreta pero cuidada y eficaz de Francisco Leal; una plataforma única acogía todo, o casi, lo que iba a suceder en escena, y una enorme losa aparecía suspendida en el aire sobre los intérpretes, sugerente sin duda del lugar y tiempo opresivo en que la acción –un grito a la libertad y al amor– ocurre en esta obra maestra. Quedaba espacio suficiente para un buen movimiento de los protagonistas y de los muy numerosos figurantes, aunque en general la escena, en esta reposición dirigida por Gregor Acuña-Pohl, tendía a ser estática, más como una sucesión de cuadros escénicos que como una obra teatral continua. La apuesta resultó sugerente y convincente y, además, muy grata visualmente. El vestuario resultó correcto y sin más sorpresa que el atavío de D. Fernando, extrañamente sacado del tiempo de la acción.
Desde el podio Juanjo Mena tuvo una actuación memorable: absoluto control de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, de la que extrajo sus mejores cualidades, unas bellas sonoridades y una notoria flexibilidad, porque aunque al director no le falló un ritmo templado y seguro, obligó a los profesores a producirse con cuidado fraseo, especialmente en la obertura Leonora III que –como es frecuente pero no obligado– introdujo completa como interludio tras la liberación de Florestán. El Coro de la Ópera de Bilbao, que lleva varias actuaciones anteriores en gran forma, estuvo en esta ocasión formidable, demostrando ser un conjunto de verdadera categoría. Y si Orquesta y Coro son en esta obra pilares fundamentales para su buen desarrollo, su soberbia actuación se sumó a la de un plantel de solistas, como conjunto, adecuadísimo.
Anett Fritsch encarnó a una Marzelline con una voz juvenil y fresca y llena de encanto; cantó muy bien, luciéndose en su escena primera, en su aria y en el dúo con Jaquino, un Mikeldi Atxalandabaso que interpretó con una clara proyección, voz firme y lograda expresión. Más difícil de digerir resultó la voz de Tijl Faveyts, con menos densidad, pero supo usarla para señalar la personalidad y la edad provecta de Rocco. Junto a Fidelio cantaron el famoso cuarteto soberanamente. Sebastian Holecek dio vida a Pizarro, con voz templada, recia y de bello timbre, cantando y actuando magníficamente. Fueron una grata sorpresa, dada la mínima actuación que tienen, la calidad de los prisioneros Felipe Bou y Manuel Gómez Ruiz.
Elena Prankatova fue un Fidelio de lujo; tiene una voz pintiparada para ello, técnica segura para conseguir variada expresión, potencia y, sobre todo, gusto y musicalidad. Con voz menos impactante pero con gran sabiduría musical actuó como Florestan el tenor Peter Wedd. Otra vez, inmejorable por voz y figura, Egils Silins como D. Fernando: su instrumento poderoso y de noble belleza, daba por sí solo la nota de autoridad del ministro.
Pero más que los logros de uno u otro intérprete, esta función especial fue todo un éxito por su cohesión: equipo solista, orquesta y coros, muy bien; y además, estuvo presente lo invisible: la musa que tocó a todos, el trabajo en los ensayos, y la mano maestra de una dirección inspirada y sólida.  * José Miguel BALZOLA