Teatro Real
Puccini LA BOHÈME
Stephen Costello / Piero Pretti, Yolanda Auyanet, Carmen Romeu, Alessandro Luongo, Fernando Radó, Manel Esteve, José Manuel Zapata, Roberto Accurso. Dirección: Paolo Carignani. Dirección de escena: Richard Jones. 25 y 30 de diciembre de 2017.
 
Yolanda Auyanet fue Mimì en el reparto alternativo de La bohème en Madrid © Teatro Real / Javier del Real 
 
El segundo reparto de La Bohème navideña arrancó con el anuncio de la cancelación del tenor Piero Pretti por enfermedad, siendo sustituido por el Rodolfo del primero, Stephen Costello. Es curioso lo imprevisible que es en ocasiones la química entre intérpretes: el estadounidense funcionó mejor en este nuevo entorno que con sus compañeros del primer reparto, tal vez porque trasladó su cansancio al rol bohemio y la escena final se llenó de esa humanidad tan ausente en el estreno. Sus intervenciones fueron algo más homogéneas, aunque siguió siendo tapado con frecuencia por el despliegue instrumental. En su haber está, en cualquier caso, el no reservarse nada en ningún acto, acabando visiblemente desfondado.
La Mimì de Yolanda Auyanet demostró en esta función dos vertientes; en lo musical no hay apenas tacha, su voz atravesó sin dificultades la catarata orquestal pucciniana con su atractivo timbre y el registro medio-grave apareció francamente bien construido. En el agudo, sin ser una soprano con facilidad innata, consiguió línea y fraseo con pocas fisuras y un sonido que cada día se abre menos. El principal reparo está en que la esencia del personaje de Mimì es enamorar al espectador por su mezcla entre la inocencia y la belleza de lo discreto. No hay manual para transmitir ese candor desde el pentagrama al escenario, pero se empatizó poco con su modista, muy torturada desde un principio.
En la otra pareja de amantes, los más terrenales Marcello y Musetta, Alessandro Luongo construyó un perfecto compañero de correrías para Rodolfo, honesto en todo momento y con proyección suficiente; con frecuencia emocionó más en su desdicha que el resto del reparto en sus momentos más encendidos y actoralmente rindió a gran nivel. Carmen Romeu dibujó a su Musetta con trazo fino, sin quedarse siempre en la ribera de la superficialidad, con agudos seguros y la picardía necesaria que se transformó en natural tristeza durante el último acto. Fernando Radó (Colline) cumplió sin excesos y Manel Esteve –en un personaje como Schaunard, que domina– volvió a dejar muy buenas sensaciones.
A ellos se unió, en la función del 30 de diciembre, un recuperado Piero Pretti, con un sólido y emocionante Rodolfo, imponiendo un canto pletórico, muy seguro, y con una actuación escénica más que digna; Pretti se mostró muy concentrado en el personaje desde su primera aparición, llegando sin problemas a los sobreagudos, a lo que sumó unos graves sólidos que aportaron personalidad.
La dirección de Paolo Carignani se atuvo a lo esperado; subrayó bien durante los dos primeros actos, sin entrar en detalles pero no olvidando nada. Controló algo más el volumen de sonido que en los primeros pases, algo que agradeció principalmente Costello el día 25. Faltó tal vez una mayor implicación en la muerte de Mimì, en la que Puccini teje un sinfín de citas que se necesitan para entender el sentido último de la ópera. Buen rendimiento de orquesta y coros y, como en noches anteriores, estupenda planificación de movimientos sobre el escenario.  * Mario MUÑOZ / Pablo MELÉNDEZ-HADDAD