Staatsoper
R. Strauss ARABELLA
Anna Gabler, Christopher Maltman, Chen Reiss, Benjamin Bruns, Kurt Rydl, Zoryana Kushpler. Dirección: Patrick Lange. Dirección de escena: Sven-Eric Bechtolf. 18 de diciembre de 2017.
 
Anna Gabler protagonizó Arabella en Viena © Wiener Staatsoper / Michael Pöhn 
 
Las Jornadas Strauss de la Staatsoper en honor del compositor Richard Strauss, que dirigió mucho en la Staatsoper y que entre 1919 y 1924 fue el director musical de la casa, han incluido una exposición y varias representaciones de sus óperas en el período incluido entre mediados de noviembre y el 21 de diciembre, con Salome (Lise Lindstrom, Alan Held, Janina Baechle) , Ariadne auf Naxos (Stephen Gould, Markus Eiche), Elektra (Elena Pankratova, Johan Reuter, Waltraud Meier), Rosenkavalier (Krassimira Stoyanova, Erin Morley, Peter Rose) y esta Arabella.
Fue esta última una sólida ya que no extraordinaria representación. La razón hay que buscarla, además de en una puesta en escena moderna aunque muy inteligente, poco o nada poética y algún que otro detalle extraño en la escena del baile en el segundo acto, en la Arabella de la soprano alemana Anna Gabler, que debutaba en la Staatsoper vienesa. Con una voz de cierta dureza, ofreció seguridad en el canto y buenos agudos, aun faltándole la magia personal o la nobleza altiva del personaje. Una prestación discreta en un rol que en Viena ha tenido mejores defensoras. 
Cosa muy distinta ha de decirse de Christopher Maltman, que en este su primer Mandryka dominó por entero al resto del reparto; su excelente voz de barítono mostró una amplia paleta de colores, fraseó con suma inteligencia y a pesar de una estatura no muy aventajada estuvo muy creíble en su personaje. Vocalmente, el suyo fue el mejor Mandryka visto aquí en estos últimos años. Chen Reiss tiene una voz de soprano muy ligera pero muy nítida y despejada en el registro agudo, lo que le permitió hacer una muy buena Zdenka, y Benjamin Bruns cantó brillantemente el exigente papel de Matteo en una excelente presentación vienesa. Kurt Rydl, que aquí hacía por vez primera al Conde, convenció por poderío, estilo y esa fuerte personalidad que lo identifica; en esta ocasión su característico balbuceo apareció solo ocasionalmente. Su mujer en escena, Zoryana Kushpler, empleó con buenos resultados su firme voz de mezzosoprano. Thomas Ebenstein (Elemer), Gabriel Bermúdez (Dominik) y Sorin Coliban (Lamoral) fueron unos pretendientes de Arabella vocalmente correctos, pero mal vestidos: no parecían condes en absoluto. Maria Nazarova no consiguió convencer en su primera Arabella en Viena con una coloratura para nada brillante y Donna Ellen fue una mediocre echadora de cartas.
Por supuesto que la orquesta vienesa sabe muy bien cómo debe tocarse su Strauss y lo hizo de manera soberbia. Al buen resultado contribuyó la labor del joven director alemán Patrick Lange, que hacía aquí Arabella por vez primera, con la vivacidad de sus tempi y una evidente sensibilidad estilística.  * Gerhard OTTINGER