Teatro de La Maestranza
Donizetti LA FILLE DU RÉGIMENT
Pretty Yende, Marina Pinchuk, Vicky Peña, John Osborn, Carlos Daza, David Lagares, Alberto Arrabal, Juan Carrillo, Moisés Molina. Dirección: Santiago Serrate. Dirección de escena: Laurent Pelly. 26 de noviembre de 2017.
 
Pretty Yende fue la gran protagonista de La fille du régiment en Sevilla © Teatro de La Maestranza / Guillermo Mendo
 
Algunos de los más grandes teatros líricos del mundo han querido contar con la producción que Laurent Pelly concibió para La hija del regimiento. No se trata, sin embargo, de un gran montaje audiovisual, de una escenografía deslumbrante, de nada que, en cierto modo, no se haya visto ya. Pero sí es un marco idóneo, un punto de partida excelente que hay que echar a rodar. Porque Pelly no pone la cosa fácil: si esta producción es grande, y lo es, se debe al buen teatro que se desarrolla aquí, a la dirección de actores, al movimiento casi de slapstick hollywoodiense del coro, logrando colocar la sonrisa en la mirada del espectador que asiste a este desaguisado argumental, poco o nada digerible hoy.
Pero a una función de La fille se va, sobre todo, a oír cantar. Y he aquí que el Maestranza ha fichado a la joven soprano sudafricana Pretty Yende. Que en su agenda inmediata tenga compromisos en Nueva York, Múnich y París es un indicativo de que, en nada, cotizará (muy) alto y (muy) caro en el repertorio belcantista. Hizo una Marie desacomplejada, de voz cristalina y muy bien centrada. Su proyección resultó más que convincente, como también toda la coloratura de su timbre. Yende consiguió pronto la rendición del público, justificando por sí sola la asistencia a esta función con “Salut à la France”. Su dote actoral, su vis cómica, le permiten enfundarse en este personaje, que debutaba, con total naturalidad. Ella es la hija de todos los regimientos. La Marie del siglo XXI.
El tenor John Osborn (Tonio) no lo tuvo fácil al lado de Yende, percibiéndose envarado, tenso, durante buena parte del primer acto, aquejado de cierta tendencia al engolamiento de la voz. Pero la esperada aria “Ah! mes amis” la venció causando un buen impacto, logrando lo que se esperaba en ella. Algo más de trabajo en la maleabilidad de su instrumento podría servirle para redondear el personaje. El Coro del Maestranza alcanza en estas funciones una maestría que ya se puede señalar como propia de una agrupación profesional. Y Moisés Molina es un miembro del coro al que, mediante pequeños papeles, se ve sobresalir cada vez más. Gustó seguir viendo los progresos del barítono Carlos Daza; y formidable el Hortensius de David Lagares, un personaje agradecido, henchido de comicidad y buen canto aun careciendo de aria propia. A buen nivel Marina Pinchuk, solvente y bien Vicky Peña como la La duquesa de Krakenthorp.
En el podio, Santiago Serrate dirigió a la Sinfónica de Sevilla con los deberes bien aprendidos, con respeto al estilo, equilibrando voces y orquesta, resultando brillante sin necesidad de excesos decibélicos, moviendo la partitura con agilidad, como subrayando las luces rossinianas  que destellan en ella.  * Ismael G. CABRAL