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Borja Quiza: en el Real, La zarzuela y el Liceu

Auditorio Fibes
Orff CARMINA BURANA 
Lluis Frigola, Antonio Torres, Amparo Navarro. Dirección: César Belda. Dirección de escena: La Fura dels Baus. 22 de diciembre.
 
La gira de los Carmina Burana montados por La Fura dels Baus llegó a Sevilla © La Fura dels Baus 
 
Seguramente porque a estas alturas La Fura dels Baus tiene poco o nada que demostrar, la compañía catalana mueve por escenarios de toda España –y del extranjero– una versión adaptada a teatros de su versión escénica de Carmina Burana, que hasta la fecha ha conocido interpretaciones sinfónicas importantes desde su estreno en San Sebastián en agosto de 2009. Desde entonces ha recorrido una decena de países con casi un centenar de funciones. Las enormes proporciones del Auditorio Fibes de Sevilla no ayudaron a otorgar ese sentido de mayor cercanía que exige la propuesta; por eso funciona mejor en los varios teatros de estructura italiana que ya han contratado el espectáculo, a pesar de haberse ofrecido en todo tipo de escenarios.
A nivel instrumental, en Sevilla se ofreció una versión reducida de la partitura de Orff preparada por César Belda, que prescinde de cuerda y que emparenta así la célebre página con las muy poco divulgadas Catulli Carmina. Pero también adquirió en esta recreación un barniz de musical en la que, por momentos, en los pasajes más agitados, casi se acercó al universo de la ópera rock.
Los cantantes cumplieron con sus cometidos con un nivel superior al que cabría esperar de una función popular como esta. No estorbó la equilibrada amplificación. El contratenor Lluís Frigola, obligado a cantar en las alturas y en horizontal, protagonizó uno de los momentos de mayor complicidad musical del espectáculo. Muy bronco pero matizado y con enormes agilidades el barítono Antonio Torres, y algo más tirante la voz de la soprano Amparo Navarro. El coro, integrado por voces muy jóvenes, demostró bastante más que saberse la partitura, y se mostró como un instrumento dúctil a las órdenes de Belda.
Escénicamente, estos Carmina Burana toman elementos escenográficos prestados, desde luego, de la Tetralogía wagneriana, pero también incluso de Domingo de luz de Stockhausen. Funcionó mejor en las proyecciones más burlonas y mundanas, con ese punto descarado de la primigenia Fura. Una compañía que, por lo demás, demostró que sigue dominando la invasión –aquí completamente cortés– del patio de butacas y que supo crear efectos lumínicos muy guerrilleros e impactantes. Las coreografías en cambio quedaron algo pueriles, inocentonas. Es posible que esta sea una Fura mainstream, pensada para gustar a todo el mundo. No obstante, y dado que a la función le aguarda todavía una extensa gira, si se acude con simpatía y empatía hacia el conglomerado artístico, hay razones para el disfrute.  * Ismael G. CABRAL