Mozart COSÌ FAN TUTTE 
Valentina Nafornita, Stéphanie Guérin, Robert Gleadow,  Joel Prieto, Susanna Cordón, Bruno De Simone. Dirección: Joshua Weilerstein. Dirección de escena: Jean Liermier. 2 de noviembre de 2018.
 
Jean Liermier ambientó Così fan tutte en un reality televisivo © Opéra de Lausanne / Alan Humerose
 
Così fan tutte , una de las obras más equilibradas de Mozart, subió al escenario de Lausana bajo la óptica de un reality-show al puro estilo de lo que se frecuenta en las cadenas de televisión cazadoras de audiencia masiva. La verdad es que el invento del director de escena Jean Liermier  funcionó magníficamente actualizando el juego de los engaños. Y es que la historia de Mozart-Da Ponte es perfectamente transportable a nuestros días. Don Alfonso es el productor-presentador que va a sacar el máximo jugo al lío de las dos parejas protagonistas, con la complicidad de una Despina ávida de protagonismo televisivo. El ganador del reality –la pareja que consiga mantener su fidelidad– conseguirá una importante suma de dinero (la apuesta original). El juego escénico es de un gran dinamismo, en el que también se divierte amplificando con las cámaras de televisión las miserias de los protagonistas en sus horas bajas, sus intensidades, o cuando entrevistan a Despina, como tertuliana. Al puro estilo de lo que ocurre con empleadas del hogar despechadas que esparcen las intimidades de sus patronas. El público disfrutó de lo lindo de la propuesta del regista francés, a quien regaló una sonora ovación. 
Musicalmente, este Così significaba el debut operístico del titular de la Ochestre de Chambre de Lausanne, Joshua Weilerstein; el director de la formación de Vaud sacó a flote un sonido cristalino y muy cuidado, característico de esta orquesta y quizás estuvo demasiado pendiente de que todo estuviera en su sitio. Cierto es que fue una verdadera delicia escuchar cómo jugó con los maravillosos fraseos mozartianos y esos momentos de conjunto como el quinteto “Di scrivermi ogni giorno”, de portentosa belleza y equilibrio. Pero Weilerstein arriesgó poco en el juego de dinámicas y en contraste de los tempi, con lo que su versión fue más mesurada que vivaracha. Debería también poner cierta atención a los recitativos, en los que el sonido resultó poco refinado. El coro del teatro corrió por otros derroteros, con un sonido algo desigual y casi amateur, quizás intensificado por su colocación permanente en el proscenio. 
Vocalmente, salvo una excepción, el Così tuvo un reparto muy sólido, encabezado por la ascendente Valentina Nafornita (Fiordiligi) y por el consagrado Joel Prieto (Fernando). La soprano moldava hizo gala de una elegancia absoluta en el fraseo y de una musicalidad aristocrática para dibujar una Fiordiligi para el recuerdo; la voz es preciosa y bien proyectada, y aunque debería mejorar la dicción, emocionó en una muy sentida “Per pietà, ben mio perdona” y ese maravilloso diálogo con la trompa. El tenor puertorriqueño nacido en Madrid, por su parte, posee un instrumento de gran calidad que le permite ofrecer momentos de exquisita belleza; lástima que cierta tendencia a cortar las frases largas le restaron brillo a su, por otra parte, preciosa aria “Un aura amorosa”, en la que dotó de intencionalidad al da capo y que culminó con brillante control técnico.
Robert Gleadow fue de menos a más con su Guglielmo; si bien su entrega teatral fue absoluta y sabe decir y frasear exquisitamente a Mozart, el canadiense posee una voz demasiado oscura para el rol y ello le restó cierta elegancia, como en la página “Non siate ritrosi”. La Despina de la española Susana Cordón fue una auténtica delicia: supo jugar con los matices del personaje a su antojo y ofrecer los momentos más hilarantes de la noche; su voz es algo metálica, pero la modula a su gusto y ofreció una contundente “Una donna a quindici anni”. Bruno de Simone fue el veterano Don Alfonso de tablas que se esperaba, aunque la voz esté algo desgastada. El punto negro de este sólido reparto lo puso la mezzosoprano francesa Stéphanie Guérin, con una voz blanquecina, proyección deficiente y constantemente desafinada. En dúos y momentos de conjunto consiguió contagiarse en algunos instantes de sus compañeros, pero sus páginas en solitario, “Smanie implacabili” o “È amore un ladroncello” no quedarán para el recuerdo.  * Albert GARRIGA