Teatro de La Maestranza
Donizetti LUCIA DI LAMMERMOOR
Leonor Bonilla, José Bros, Vitaly Bilyy, Manuel de Diego, Mirco Palazzi, María José Suárez, Gerardo López. Dirección: Renato Balsadonna. Dirección de escena: Filippo Sanjust. 29 de octubre de 2018.
 
Leonor Bonilla y José Bros, Lucia y Edgardo en Sevilla © Teatro de La Maestranza / Guillermo Mendo
 
 
Solo se encuentra una única –y muy merecida– justificación para que el Teatro de La Maestranza haya decidido volver sobre Lucia di Lammermoor solo seis años después de confiarle unas funciones a Mariola Cantarero; la de permitir el debut a lo grande de la soprano sevillana Leonor Bonilla. Un argumento que podría parecer demasiado sucinto sobre el papel pero que se mostró sólido tras escucharla cantar, especialmente porque, efectivamente, fue ella y solo ella la que sostuvo la necesidad de esta representación, que devino en absoluta confirmación de su talento. Claro que su voz tendrá que madurar y que a la escena de la locura le pudo faltar un punto más de oscuridad por encima de toda la pirotecnia y agilidades que Donizetti escribió y que Bonilla resolvió con altura. Se trata de una cantante que conjunta una apreciable capacidad interpretativa con un timbre refulgente, bello sin amaneramientos, y que fraseó y proyectó con desarmante naturalidad. La soprano se metió en el papel de Lucia con un aplomo difícilmente igualable para su juventud. En “Regnava nel silenzio” ofreció una lección del dominio de la coloratura y del canto florido, plenamente en estilo.
Gusta sinceramente escuchar a José Bros, más aun en un papel que conoce tan bien como el de Edgardo; la suya fue una aproximación muy propia, regia, severa, con menos romanticismo y bastante afectación dramática. Bueno. Pero ahí estuvo, exprimiendo con satisfacción el canto que para él había reservado, con una voz que se mantiene intacta, con un vibrato apremiante y con menos nasalidad de la que otras plumas aciertan a escuchar. El resto del elenco mantuvo el nivel, sin que ninguno acertara a sobresalir. Mirco Palazzi hizo un Raimondo un tanto tirante, con una voz de bajo baritonal un tanto incómoda. Neutra, sin posibilidad apenas de brillo, la voz de María José Suárez como Alisa. Más vigor tuvo el Enrico de Vitaly Bilyy, muy bien proyectado. Y Manuel de Diego se las vio con el ingrato Arturo solventándolo con profesionalidad.
El Coro del Maestranza lleva ya un buen puñado de representaciones de distinta índole sin pinchar, a muy excelente nivel, prueba de los frutos del magisterio y la competencia de su director Íñigo Sampil. En el foso, Renato Balsadonna concertó y dio empuje a la Sinfónica de Sevilla, no siendo sin embargo una lectura, en lo musical, especialmente brillante. Aunque, por el contrario, sí que se permitió deliciosas sutilezas en los dúos con las voces.
La producción llegó del almacén de la Deutsche Oper, obra de Filippo Sanjust, con un vistoso vestuario –especialmente, el de Lucia–, nula dirección de escena y unos telones más pintorescos que otros, todo en la línea de un teatro de otra época, difícilmente digerible para las nuevas generaciones que quieran sentirse plenamente tocadas por el género operístico.  * Ismael G. CABRAL