Festival Life Victoria
Josep-Ramon Olivé. Malcolm Martineau, piano. Recinte Modernista Sant Pau, 25 de septiembre de 2018
Ruth Iniesta. Rubén Fernández Aguirre, piano. Recinte Modernista Sant Pau, 29 de septiembre de 2018
Simon Keenlyside. Malcolm Martineau, piano. Palau de la Música Catalana, 10 de octubre
Jakub Jozef Orlinski. Michal Biel, piano. Recinte Modernista Sant Pau, 19 de octubre de 2018.
 
Josep-Ramon Olivé y Ruth Iniesta, dos de los invitados por el LIFE Victoria para su edición de 2018 © LIFE Victoria / Elisenda Canals
 
La edición 2018 del Festival de Lied Life Victoria ya ha atravesado su ecuador. Desde finales de septiembre ha ofrecido varios recitales en la sala Domènech i Montaner del Sant Pau Recinte Modernista, de acústica luminosa y brillante y del tamaño preciso para recitales como estos, que permiten una adecuada cercanía con los intérpretes. La velada inaugural comenzó con un vídeo histórico de Victoria de los Ángeles interpretando Damunt de tu, només les flors, de Frederic Mompou sobre una poesía de Josep Janés, con el propio Mompou al piano, Lied que más tarde Josep-Ramon Olivé, artista invitado para esta apertura, interpretaría en su programa en el 125º aniversario del nacimiento del compositor catalán.
Olivé, contando con el piano del legendario Malcolm Martineau, impresionó por su adecuación al género, lució expresividad y buen uso de sus recursos en un programa que abarcó obras de Schubert, Debussy y Poulenc, además de Mompou; salvo por algún detalle por pulir en su negociación del aire y del apoyo –que castigaban la afinación–, el barítono catalán demostró una sorprendente madurez al encarar las poesías. Propinas de Richard Strauss y Toldrà despidieron un recital cuyos teloneros fueron un seductor Eduard Mas (tenor) y una eficaz Marta Puig (piano).
El segundo recital, cuatro días más tarde, se presentó como un homenaje a Bernstein y contó con la presencia entre el público de Álex, hijo Victoria de los Ángeles. Fueron sus protagonistas unos inspirados Rubén Fernández Aguirre –al piano– y la soprano Ruth Iniesta, quien se ganó al público con su amplio dominio del teatro musical, emocionando con “A little bit in love” (Wonderful Town), “I’m a person too” (I hate Music) o “Build My House” (Peter Pan), conquistando a todos con una chispeante “I feel pretty” (West Side Story) acompañada de Judith Muñoz, Violeta Alarcón y Helena Ressurreiçao. Iniesta continuó encantando con las Doce canciones españolas de Joaquín Rodrigo que ofreció más tarde, con dicción precisa y gran expresividad. Fernández Aguirre dominó las diferentes variantes del repertorio, incluyendo esa Habanera de Esperanza, de la zarzuela Monte Carmelo de Moreno Torroba, ofrecida como propina. El pianista vasco también acompañó a la joven Núria Vinyals como telonera, una mezzosoprano lírica de voz atractiva y que conquistó con sus Cinco canciones negras de Montsalvatge.
Unos días más tarde, Simon Keenlyside debutaba en el Festival inaugurando a su vez el ciclo Palau-Grans Veus del Palau de la Música Catalana, coproductora de la velada. En el programa apuntó sorpresas como las Histoires naturelles de Ravel y Le trevail du peintre de Poulenc. La velada estuvo dedicada a la memoria de Montserrat Caballé, fallecida cuatro días antes, y arrancó con seis canciones de Brahms con un Keenlyside incómodo, con la voz sin brillo y sufriendo en los extremos. Con los Cuatro poemas de Apolliner de Poulenc el público quedó más satisfecho, al igual que en las canciones de Ravel, ofrecidas con aire teatral, lo mismo que en las pictóricas canciones del mismo Poulenc, para culminar con ocho Lieder de Schubert interpretados con el barítono mucho más relajado. Malcolm Martineau estuvo sencillamente magistral, acompañando con devoción y regalando en solitario una danza de la Suite francesa de Poulenc.
El 19 de octubre fue el turno para el debut local del contratenor Jakub Jozef Orlinski, que optó por un programa que se movió entre el barroco y el siglo XXI sin detenerse en su disco de arias sacras (Anima Sacra, ver crítica en ÓPERA ACTUAL 218, página 95). El joven cantante polaco, histriónico y elegante en el canto a partes iguales, lució su voz casi blanca, con mínimo vibrato, sacando partido a su messa di voce. Algún sonido fijo y algún agudo con la afinación resentida se le disculpan porque con 28 años todavía está en etapa de formación. Lo suyo, en todo caso, quedó claro que es el canto barroco y ornamentado, despidiéndose con un “Agitato da fiere tempeste” händeliano que hizo olvidar las canciones de autores polacos que incluyó en la segunda parte del aplaudido recital, en el que estuvo fielmente acompañado del piano de Michal Biel, con una complicidad absoluta.  * Pablo MELÉNDEZ-HADDAD