Theater an der Wien
Rossini GUILLAUME TELL
Christoph Pohl, Jane Archibald, John Osborn, Jérôme Varnier, Ante Jerkunica, Sam Furness, Edwin Crossley-Mercer, Anita Rosati, Marie-Claude Chappuis, Anton Rositsky, Lukas Jacobski. Dirección: Diego Matheuz. Dirección de escena: Torsten Fischer. 23 de octubre de 2018.
 
Torsten Fischer contextualizó la trama de Guillaume Tell en una dictadura de hoy en día © Theater an der Wien / Moritz Schell 
 
La última opera de Gioachino Rossini es un ejemplo magistral de grand opéra, que aquí fue ofrecida con un nivel muy satisfactorio, aunque ello debería referirse solo a la vertiente musical y no a la escénica, pues Torsten Fischer quiso presentar la historia como una dictadura moderna de una manera no exenta de ideas sin sentido y de brutalidad injustificada. La trama, con todo, fue respetada y los personajes recibieron el tratamiento adecuado por parte de los intérpretes. La moderna escenografía de Herbert Schäfer y Vasilis Triantafillopoulos pareció estéril y sin relación alguna con el ambiente que el libreto describe. El componente musical, sin embargo, transcurrió del mejor de los modos. Diego Matheuz había preparado una versión adecuada a la longitud de la ópera, con cortes en los ballets y en las repeticiones. La Sinfónica de Viena estuvo en todo momento acertada y el Coro Arnold Schoenberg mostró su competencia habitual.
En escena hubo dos actuaciones extraordinarias. John Osborn se presentó en gran forma con un Arnold que debe figurar entre los mejores de la actualidad gracias a una actuación que muy pocos tenores podrían superar: cantó con sentimiento y gran flexibilidad vocal, belleza tonal y perfecto fraseo, mostrando en todo momento lo que significa la expresión bel canto. En el último acto hizo un “Asile héréditaire” con su cabaletta Amis, amis, secondez ma vengeance” con vibrante intensidad, coronada con tremendos Do agudos. Jane Archibald, por su parte, fue una Mathilde muy alejada de sus principios de voz ligera de coloratura. Mostró también un buen registro superior y cualidades belcantistas para paragonarse con el tenor, con quien supo acoplarse perfectamente. La voz del barítono alemán Christoph Pohl pareció demasiado ligera para el Guillaume Tell y así imprecaciones dramáticas como “Je suis Guillaume Tell” o “Anathème a Gessler!” perdieron efectividad. Ante Jerkunica impresionó como Gessler, pese a dos agudos un tanto débiles. Jérôme Varner fue un sonoro Melchtal –aquí no el padre sino el hermano de Arnold– en tanto que Marie-Claude Chappuis era una muy buena Edwige y Sam Furness, un destacado Rodolphe. Anita Rosati pareció un poco estridente en el papel de Jenny y Anton Rositsky demostró poseer los Do agudos para el papel de Ruodi, aunque los utilizó con poca eficacia. Edwin Crossley-Mercer fue un Walter Furst sin nada que destacar y Lukas Jakobski, un Leuthold de sonido un tanto hueco.  * Gerhard OTTINGER