Palau de la Música Catalana
Rossini LA CENERENTOLA
Cecilia Bartoli, David Alegret, Alessandro Corbelli, Carlos Chausson, Rosa Bove, Martina Jankova, José Coca. Dirección: Gianluca Capuano. V. de concierto, 25 de octubre de 2018.
 
Cecilia Bartoli protagonizó La Cenerentola en Barcelona © Palau de la Música / Antoni Bofill 
 
En el marco de una gira europea que recalaba días antes en Madrid llegaba a Barcelona el espectáculo –que espectáculo era y no simplemente la versión de concierto que vendía el programa de mano– montado por Cecilia Bartoli con Les Musiciens du Prince-Monaco para celebrar, con algunos meses de retraso en nuestro caso, el bicentenario del estreno de La Cenerentola. Lo de versión de concierto, por cierto, habría de revisarse a la vista de experimentos como este, en que toda la parte delantera del espacio disponible en el hemiciclo había sido reservada para que la diseñadora de escenario –otra especificación profesional para la colección– Claudia Blersh se inventara toda una regia con pelos y señales, vestuario incluido, que iba a hacer las delicias de un público que probablemente no iba preparado para lo que se le venía encima. Un trabajo de gran nivel, sin más payasadas que las estrictamente necesarias y que superaba con mucho lo que se viene entendiendo como versiones semiescenificadas y que no lo son.
De la parte musical se responsabilizaba Gianluca Capuano, riguroso en los tempi, creativo en los crescendi y atento a lo que ocurría a sus espaldas, al frente de una suculenta formación como Les Musiciens du Prince-Monaco, muy presentes en el sector de las maderas en la plataforma orquestal y precisa, aunque ocasionalmente pasada de volumen, en la formación vocal. Cecilia Bartoli, aun con ese volumen relativo en el canto spianato, ese reforzamiento un tanto artificial del registro grave y ese automatismo un tano mecánico en los agilidades, hizo una Angelina de una vez. Vivaz y expresiva en escena, musical hasta decir basta y precisa en toda la extensión de su privilegiada vocalidad, obtuvo un merecido éxito, con un rondó final de absoluta brillantez.
No estuvo sola en la escuadra interpretativa, modificada a última hora ante la ausencia por indisposición de Edgardo Rocha, que tuvo que ceder el principado a David Alegret, que no solo salvó la situación a pocas horas del inicio de la función sino que supo brillar por atención musical –bien apoyado en este sentido por el maestro– y soltura vocal, sin apenas presencia del engolamiento tan frecuente en los tenores de sus características. Carlos Chausson, que cuanto más pretende anunciar su retirada más gloriosamente suena, hizo un Don Magnifico de manual, con un caudal de voz de mucho respeto y una dicción admirable para el sillabato, faceta en la que tuvo que rivalizar con el eximio Alessandro Corbelli, que aún es capaz de sacar el máximo partido de una voz que si no fue nunca un cañón acusa ya ahora el paso de los años, apoyándose en un fraseo de los que ya no quedan y en unas condiciones de actor de los de antes de la época de los gritos. Rosa Bove y Martina Jankova fueron las extrovertidas hermanastras y José Coca solventó sin problemas las dificultades de la gran aria de Alidoro. El público que llenaba el Palau hasta el ahogo acompañó a la ejecución de todos y cada uno de los números de la obra con aplausos y aclamaciones, desbordándose el entusiasmo al final de la audición. No había para menos.  * Marcelo CERVELLÓ