Festival Vértice
Ortiz LUCIÉRNAGA
Estreno absoluto
Cecilia Eguiarte. Dir.: Ludwig Carrasco. Dir. esc.: David Attie. Centro Cultural de la UNAM, 10 de octubre de 2018.
 
Una escena del estreno de Luciérnaga en la UNAM 
 
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) acogió el estreno mundial de la ópera de cámara Luciérnaga. 12 días de encierro no apagaron la luz. La obra, que inauguró la segunda edición del Festival Vértice, de experimentación y vanguardia, que organiza la UNAM, se enmarca dentro de los actos organizados con el 50º aniversario del Movimiento del 68 mexicano, que surgió como una réplica de las movilizaciones que surgieron, ese mismo año, en ciudades como París o Praga. Con música de la compositora Gabriela Ortiz y libreto de Silvia Peláez, la obra retoma la historia de la poeta uruguaya Alcira Soust Scaffo (1924-1977) que fue testigo, y también víctima, del asalto del Ejército contra la Ciudad Universitariael 18 de septiembre de 1968, que se saldó con la detención de 1.500 personas.
 
Alcira, que se convirtió en un icono de la resistencia y que fue glosada por escritores como Roberto Bolaño y José Revueltas, aparece en esta ópera tras una celosía que asemeja los muros de la Torre de Humanidades de la universidad, desde cuyas ventanas ve llegar a los miles de efectivos enviados por el presidente Gustavo Díaz Ordaz para detener a los líderes de la Comisión Nacional de Huelga. “¿Qué es lo que pasa?”, se pregunta Alcira, “Metal contra metal, detona la bala y estalla en un estruendo”, clama la poeta, interpretada por la soprano Cecilia Eguiarte, mientras sobre la pared se proyectan imágenes de periódicos mexicanos denunciando matanzas y desapariciones durante el último medio siglo, desde la de los 43 de Ayotzinapa y hasta la producida el 2 de octubre de aquel 1968, que marcó la historia de México.
 
Este monodrama multimedia y multidisciplinar para soprano, con dirección escénica de David Attie y dirección artística de Alejando Escuer, del ÓNIX Ensemble, muestra dos realidades: la externa, de la que es testigo Alcira desde una ventana –se proyectan imágenes históricas de los estudiantes rodeados por miles de soldados–, y la interior, la resistencia de Alcira que pretende ser una luz de esperanza: “Yo atrapo palabras con garras y dientes”, “la poesía es mi arma para salvarme”. La poeta uruguaya pasó doce días escondida en un baño de hombres de la Torre de Humanidades alimentándose de papel higiénico y agua (cuando fue rescatada tuvo que ser ingresada en el hospital por sufrir escorbuto, y el resto de su vida arrastró un trastorno obsesivo). Este segundo espacio se le presenta al espectador quizáde manera demasiado explícita –urinarios, retretes, lavabos– para tratarse de una propuesta de vanguardia y experimental, de la que se espera algo de riesgo.
En cuanto al texto, está firmado por Silvia Peláez, quien se ha puesto al servicio de la historia de esta mujer y de este movimiento, sin dejarse llevar por lo gratuito. Conciso, directo, reivindicativo y poético mantiene la tensión del drama.
En la parte musical, esos dos mundo están bien diferenciados: la violencia y represión exterior, a través de un uso forte de la percusión; frente al interior, un mundo de soledad, onírico a veces y delirante otras, en el que el color instrumental, lleno de matices, retrata la fragilidad de esta mujer que casi enloqueció aquellos días, mientras escribía poemas y declamaba a León Felipe. La compositora ha alumbrado una partitura, ejecutada de manera precisa y cuidada por el director musical Ludwig Carrasco, en la que trabajaba con metáforas sonoras, que son reproducidas por un conjunto de doce instrumentos –viento, madera, metales, cuerdas, piano y percusiones-. A esto se añade la interactuación de los músicos con otros elementos, como el papel y el agua (este representa el transcurrir del tiempo en el interior del baño).
La ópera, dedicada por Ortiz a los jóvenes y estudiantes que luchan por mejorar la situación social, la igualdad y la diversidad, recibió una calurosa acogida por el público que casi llenaba la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México. En un último acto de resistencia y reivindicación, ya después de los aplausos, Alcira (Cecilia Eguiarte), gritó, coreada por algunos espectadores: “Goya, Goya, cachún, cachún, universidad”. El grito de guerra de la UNAM. La ópera volverá a repetirse el 11 y 13 de octubre.  * Susana GAVIÑA