Angers Nantes Opéra
Saariaho LA PASSION DE SIMONE
Sayuri Araida, Sandra Darcel, Marianne Seleskovitch, Johan Viau, Romain Dayez, Isabelle Seleskovitch. Dirección: Clément Mao-Takacs. Dirección de escena: Aleski Barrière. 8 de octubre de 2018.
 
Dos escenas de La passion de Simone en Angers © Angers Nantes Opéra / Charles Eric Kalifa 
Esta obra de Kaija Saariaho traza la vida de Simone Weil (1909-1943), judía agnóstica, diplomada por la célebre École Normale Supérieure de la capital francesa. Se apropió de las ideas marxistas, pero muy precozmente criticó abiertamente el estalinismo. Brillante filósofa, quiso vivir pobremente, cerca del pueblo. Trabajó en la industria –su matrícula A96630-Weil aparece en la ópera–, lo cual dejó en ella una traza muy negativa. Participó en la Guerra Civil española al lado de los republicanos y durante la ocupación alemana de Francia pasó a Inglaterra, donde se preparó para ser enfermera pensando trabajar en los frentes de combate. El general De Gaulle no se lo permitió y cuando supo que los niños franceses no disponían de leche para su alimentación quiso sufrir las mismas dificultades: rechazó toda alimentación y murió en Londres a los 34 años dejando una obra filosófica considerable.
Buscó la pureza, el ideal absoluto, el misticismo, por todas partes, incluso en la religión católica. La palabra “pasión” en el título de la ópera no se refiere a un gusto particular por algo o por alguien, sino claramente al dolor de la pasión de Jesucristo que ella quiso revivir en los últimos tiempos de su corta vida. “Nada de lo que existe es digno de ser amado. Es por ello que debemos amar lo que no existe”. Esta cita –perdónese la pobreza de la traducción– inicia y termina los textos de Simone Weil que estructuran el libreto de la obra. Van hilvanados por otros de Amin Maalouf, escritor muy conocido en Francia con quien Saaraiho ya ha colaborado en varias ocasiones.
La versión presentada en Nantes puso en escena a 19 músicos, con un quinteto de cuerdas y mucha percusión, bajo la batuta de Clément Mao-Takacs. La orquesta acompañó a los siete cantantes en un ambiente musical de gran riqueza de ritmos e infinidad de sonoridades complejas, de mucho efecto. Cada fase de la vida de la filósofa fue presentada con claridad y pedagogía, subrayando su entrega para con sus semejantes. En el texto de Maalouf, su hermana le reprocha el haberse interesado más por los desconocidos que por sus amigos o por su propia familia.
Sayuri Araida vistió el papel de la hermana de Simone con coraje, declinando las diferentes fases de la vida de la filósofa –quince en total– con tranquilidad, exaltación o desesperación según el caso. La acompañaron en el escenario, asumiendo diversos roles, Sandra Darcel, Marianne Seleskovitch, Johan Viau y Romain Dayez.
No debió ser fácil imaginar una puesta en escena para esta obra al límite del oratorio. Aleksi Barrière dispuso la orquesta en el escenario. La infinidad de instrumentos de percusión demandada por Saariaho representó ya un decorado interesante, que completó el director con un mueble de despacho desde el cual Isabelle Seleskovitch fue recitando las frases clave de la obra de Simone Weil. El director trabajó con gran esmero movimientos y expresiones de los cantantes, que, de forma más o menos abstracta, parecían ser la hermana, los padres, los amigos de la joven mujer autosacrificada.  * Jaume ESTAPÀ