Metropolitan Opera
 
Verdi AIDA
 
Anna Netrebko, Anita Rachvelishvili, Aleksandrs Antonenko, Quinn Kelsey, Dmitry Belosselskiy, Ryan Speedo Green. Dirección: Nicola Luisotti. Dirección de escena: Sonja Frisell. 11 de octubre de 2018.
 
Anna Netrebko y Anita Rachvelishvili, Aida y Amneris en Nueva York © Metropolitan Opera / Marty Sohl 
 
 
La tradicional y grandiosa producción de Sonja Frisell, que se jubilará después de treinta años de servicio, se repuso por última ocasión para permitir el debut de Anna Netrebko como princesa etíope con la compañía neoyorquina. La soprano rusa puede considerarse sin duda entre las más importantes y completas intérpretes del mundo de este personaje: su belleza física y carisma escénico no tienen par, a lo que se añade su atractivo timbre vocal a pesar de sus raíces rusas que salen a la superficie más de lo ideal. Su musicalidad en las arias fue impecable, coronado todo por un “O Patria mia” absolutamente magistral. Su interacción con los otros personajes fue de gran nivel y mereció un premio especial por no haberse visto afectada negativamente por la desgraciada interpretación vocal de Aleksandrs Antonenko, cuyo instrumento no estaba en las mejores condiciones y perjudicó a su encarnación de Radames.
 
Anita Rachvelishvili se llevó las mayores y más merecidas ovaciones por su interpretación de una Amneris vocalmente poderosa y de gran expresión, a lo que sumó una creíble actuación dramática. No en vano la mezzosoprano georgiana ya se encuentra entre las más grandes intérpretes verdianas de su cuerda de la historia. Todo lo contrario se ha de explicar del atractivo barítono de Quinn Kelsey, que no pudo con la más dramática línea vocal de Amonasro: optó por gritar y declamar su dificultosa interpretación. Dmitry Belosselskiy regresó a Nueva York con su voluminosa voz de bajo para ofrecer un Ramfis seguro pero demasiado corto de graves, siendo mucho más completo Ryan Speedo Green como el Rey. El debutante Arseny Yakovlev fue un desastre como el Mensajero.
 
Como siempre la popular producción incitó aplausos y exclamaciones con la llegada de la marcha triunfal. Pero a pesar de que el coro se mostró a un excelente nivel y de que la orquesta asumió su cometido bajo la inflexible batuta de Nicola Luisotti, la función no alcanzó las habituales cimas emotivas características de esta ópera.  * Eduardo BRANDENBURGER