Opéra Municipal de Marseille
Verdi SIMON BOCCANEGRA
Olesya Golovneva, Juan Jésus Rodríguez, Nicolas Courjal, Riccardo Massi, Alexandre Duhamel, Cyril Rovery, Christophe Berry, Laurence Janot. Dirección: Paolo Arrivabeni. Dirección de escena: Leo Nucci. 2 de octubre de 2018.
 
Juan Jesús Rodríguez, gran protagonista de Simon Boccanegra en Marsella © Opéra Municipal de Marseille / Christian Dresse 
 
No es cosa fácil reunir un reparto para la producción de la difícil y maravillosa obra Simon Boccanegra. La Opéra de Marseille realizó la proeza, tanto más cuanto que los más de los artistas principales defendían sus papeles por vez primera. Ese era el caso de Juan Jesús Rodríguez en el papel principal: si en 2016 asombró con su interpretación de Macbeth en el propio teatro marsellés (ÓPERA ACTUAL 193), repitió ahora el prodigio aumentando en variedad y calidad su actuación dramática como lo demandaba el papel. Su emisión sigue siendo viril, el espectro de su voz parece haberse ensanchado, su fraseo es verdiano y elegante y su dicción, raramente oída en un artista no italiano. Dio a su canto tintes de angustia, de dinamismo, de autoridad y aun de clemencia. Mantuvo un porte regio, sí, pero como antaño, fluido y tan bien trabajado que pareció espontaneo: ruido y furia al principio, paz y suavidad en los momentos finales de la existencia de su personaje; fue dux y padre. Por si esto fuera poco, tranquilizó desde su primera intervención a todos los artistas, en el escenario y en el foso.
También Riccardo Massi cantaba por vez primera el rol de Gabriele Adorno. El joven tenor desplegó una gama muy variada de emisiones, respetando en cada caso las diversas melodías que hizo resaltar gracias a un legato de gran pureza y precisión. Siempre audible, no le arredraron los pasajes en el registro grave y la claridad de su voz hizo inútiles los subtítulos. No cabe la menor duda de que con un poco de tiempo y otras intervenciones en el papel, podrá  resultar su trabajo un Gabriele de referencia. Desde el punto de vista dramático pareció efectivamente enamorado de la bella Amelia, que interpretaba, también por vez primera, Olesya Golovneva. La soprano desplegó un arcoíris vocal con el que ilustró a la perfección el personaje, nunca bien asimilado por el público, por causa de la oscura complejidad de la rocambolesca historia. Tuvo alguna duda en su canción inicial a la orilla del mar, pero consolidó sus decires en los diálogos que siguieron, para concluir la noche en un tono de gran autoridad no exento de precisión y de belleza tímbrica.
Como ella, Nicolas Courjal (Fiesco) mostró alguna duda en su primera –maravillosa– intervención: voz algo rasposa, frases inacabadas o concluidas con poca nitidez. También él evolucionó muy positivamente durante la noche para concluir contribuyendo eficazmente en el gran momento lirico que resultó su dialogo final con Boccanegra. Alexandre Duhamel mereció y obtuvo un gran triunfo por su trabajo en el papel de Paolo Albiani. Sin menoscabo de su actuación dramática, dio con su sola voz una imagen angustiada y angustiosa  del complejo personaje, incrédulo ante la ingratitud del hombre político que él mismo, no solo admiraba sino que le había facilitado grandemente el poder.
En el foso dirigió Paolo Arrivabeni la orquesta de la casa con la ciencia y la pasión también de los maestros italianos para con la música de su país. No se cite a ninguno. Si por causa, muy de seguro, de esta pasión en algún momento olvidó a los cantantes en el escenario –algún momento hubo– produjo en el foso sonoridades de gran belleza y nunca abandonó el coro (Emmanuel Trenque) a su suerte. Leo Nucci se ocupó por esta vez de la puesta en escena, tras haber interpretado el aplastante papel en más de trescientas ocasiones. Quiso dar de la obra una visión muy clásica que se podría calificar a la antigua. Fue muy soportable para el oído y, al ser leíble, no dejó a nadie en la sala fuera de juego.  * Jaume ESTAPÀ